“Tanta prisa tenemos por hacer, y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir”. (Robert Louis Stevenson)
Ayer ya pasó y el mañana es incierto, lo que tenemos es el día de hoy, con frecuencia nos recreamos en el pasado, ya sea con nostalgia por los sueños frustrados o las conquistas alcanzadas.
Oscilamos entre el ayer y el mañana y los planes, proyectos, metas, que nos trazamos para alcanzarlos nos atrapan de tal manera que miramos como si observáramos el horizonte del borde del mar infinito, y nos trasladamos fijando nuestros pensamientos, ensimismados en el futuro que ha de llegar, pero se nos escapa el día que hoy estamos viviendo, perdiéndonos de lo existente, de lo tangible, de las personas, los hijos que crecen, el Sol que hoy salió, la media Luna que se asoma esperando ser observada.
No nos alcanzó el tiempo para recrearnos en un amanecer, en una gracia de los hijos, sus inquietudes, travesuras, ya pronto no lo serán, pues el tiempo cruzó la barrera en su curso que lleva y despertamos y nos olvidamos de nosotros mismos, de planes y objetivos está lleno el mundo, sin detenernos a deleitarnos en el aquí y el ahora.
Hoy es el día, no existe más nada, mientras seguimos con lo que nos ocupa, tener, alcanzar, lograr, con esfuerzo, estrés, no hay tiempo para nada más que para ello, se escurrió el día y no lo vivimos, no nos anclemos en el pasado o esperamos que venga el año próximo para hacer tal o cual cosa. Pero los momentos del hoy, pasa y ni huellas deja, morimos solo para despertarnos de que nunca has vivido en el ahora.
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