Nicaragua es un país de gente joven. El sesenta por ciento de la población de Nicaragua es menor de 25 años. El 75 por ciento es menor de 30 años. El 85 por ciento es menor de 50 años y la edad promedio de los nicaragüenses es de 22.9 años. Los nicaragüenses de 60 años o más representan solamente el 5 por ciento de la población: una ínfima minoría.
Dicen los analistas políticos de Acoyapa que en vista de que la edad promedio de los nicaragüenses es de 22.9 años y que teniendo en cuenta que los dirigentes políticos de la oposición mayores de 50 años no han servido ni sirven para nada, consideran que para que pueda haber en Nicaragua una verdadera y fuerte oposición política —saludable en toda democracia— los miembros de la dirigencia opositora de Nicaragua deben ser menores de 50 años, es decir, políticos jóvenes o relativamente jóvenes dirigiendo a gente joven y a gente vieja.
Los analistas políticos de mi pueblo recordaron algunos ejemplos conocidos mundialmente —hay muchos más— que invitan a nuestra política a nutrirse de juventud. Dirigentes opositores jóvenes fueron los que llevaron a David Cameron a los 43 años a la jefatura de gobierno de Inglaterra. Cameron tiene actualmente 47 años. Mario Renzi, Primer Ministro de Italia, tiene 39 años. Alan García fue por primera vez presidente del Perú a los 36 años. Felipe González, Rafael Correa, Juan Orlando Hernández, Obama, Peña Nieto y Hugo Chávez asumieron el gobierno de sus respectivos países cuando tenían 39, 43, 44, 46, 46 y 45 años respectivamente. Y hablando de líderes opositores latinoamericanos los mencionados analistas políticos pusieron como ejemplo a tres políticos: el argentino Mario Massa, con un futuro político brillante, tiene 41 años y los venezolanos Henrique Capriles y Leopoldo López tienen 42 años, y que han demostrado con las manifestaciones callejeras en Venezuela que son líderes jóvenes que no le tienen miedo a la turbas del Pedro Orozco venezolano, contrario a lo que sucede con el casi adulto mayor Eduardo Montealegre que cuando alguien grita ¡viene Pedro Orozco! inmediatamente sale en una sola barajustada como si se anunciara que viene el diablo.
El presidente de los analistas políticos de Acoyapa manifestó que los dos caudillos partitocráticos de la “oposición política” nicaragüense —una oposición cautiva— Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán, como “opositores” son inservibles. Están desgastadísimos políticamente. Además Eduardo está a las puertas de la tercera edad, y Arnoldo está cerca de los 70, con la particularidad que desde hace 10 años es judicialmente valetudinario, es decir, que desde hace 10 años es “achacoso, decrépito y senil”, que son palabras sinónimas de valetudinario según lo dice la Real Academia Española de la Lengua.
Los analistas políticos de Acoyapa son unánimes en invitar a Eduardo y a Arnoldo a que se retiren, que no sigan estorbando políticamente; que ni unidos le ganan a Ortega. Que ni que viniera el papa Francisco a presidir el Consejo Supremo Electoral le ganarían a Daniel. Dicen mis paisanos que ellos lo saben, pero que el interés de Eduardo y de Arnoldo no es ganar, sino conseguir algunas diputaciones —inmunidades— y otros cargos para seguir en la farsa del actual teatro político nicaragüense.
“Con esto no quiero decir —agregó el presidente de los analistas políticos de Acoyapa— que ellos no tengan derecho a trabajar por Nicaragua. Pero deben hacerlo dentro de la Unión Nacional del Adulto Mayor (UNAM) que dirige Porfirio García”. Arnoldo y Eduardo deben ponerse inmediatamente a las órdenes de don Porfirio, pero sin serruchaderas de piso ni utilizando las viejas mañas a las que han estado acostumbrados.
En Nicaragua, el cuento de que el futuro está en manos de la juventud debe ser olvidado. Es el presente el que debe estar en manos de los jóvenes o relativamente jóvenes, pues los nicaragüenses menores de 50 años representan el 85 por ciento de nuestra población. El autor es abogado.
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