¿Ayudamos cuando ayudamos?
Hace poco leí un escrito de una persona de la cooperación española que estuvo en Nicaragua, quien argumentaba con bastante lógica la alternativa de regalar barras nutritivas a los niños de los semáforos solamente en horas no escolares en vez de dar las monedas que nos sobran. Esto me ha hecho repreguntarme sobre todas las veces que la compasión superó mi lógica y accedí a dar monedas para ayudar. Pero ¿realmente ayudamos cuando ayudamos?
La mencionada cooperante afirmaba que lo hacía para fomentar que los niños permanecieran en la escuela. En Nicaragua aproximadamente 300 mil niños trabajan en las calles y en los últimos años he observado un aumento en los semáforos de nuestra capital, sobre todo de jóvenes y hasta familias que sobreviven completamente de la mendicidad. He visto a niños convertirse en adolescentes, jóvenes en adultos y ancianos en personas totalmente incapacitadas. Me pregunto, ¿los 5, 10, 15 o 20 córdobas que doy realmente ayudan a estas personas? Por el contrario, lo que he hecho es fomentar que estas personas regresen una y otra vez, día tras día convirtiendo nuestra “ayuda” en una forma de sobrevivencia.
La ayuda que estamos dando no contribuye a quitar el hambre o la sed, lo que hacemos es saciar temporalmente un conformismo que nunca acaba y, que según percibo, se transmite de padres a hijos. Un conformismo que se asienta a medida que crece la ayuda. ¿Y si la solución fuera al revés? ¿Qué tal si la verdadera ayuda no es dar sino dejar de dar? ¿Obligaría a los padres de estos niños a buscar otras alternativas de sobrevivencia? ¿Evitaríamos que los niños, que son quienes representan el futuro, continúen siendo esclavizados?
Es aquí donde surgen todas las interrogantes. ¿Podría ser que estos niños en situación de riesgo al abandonar los semáforos escogen alternativas delincuenciales al hacerse mayores? ¿Cómo sobrevivirán estos niños? Estoy seguro de que la delincuencia será una posibilidad, pero también estoy seguro que no todos lo harán. La mayoría de ellos se verán obligados a buscar otras opciones laborales llegada su adolescencia. Habrán tenido años para darse cuenta que los semáforos no son una alternativa. La sobrevivencia de estos menores dependerá de un cúmulo de factores sociales y políticos que deberán de tener como base programas de oportunidades y no simple asistencia social. Sin entrar al debate político de lo que está o no está haciendo el Gobierno, lo único que pretendo es meditar sobre la posibilidad de ayudar solo a través de organizaciones públicas y privadas o programas dirigidos para estos fines, triangulando nuestros aportes económicos. Cada quien que elija el o los programas que más le convenzan.
Por ello, he tomado la decisión de dejar de ayudar para ayudar. Quiero y espero no estar equivocado. Deseo que mi dinero sea aprovechado en su totalidad por esos niños, en lugares donde no tengan que conformarse con unas cuantas monedas sino gozar de una ayuda especializada, eficaz, integral y permanente, en vez de una ayuda mediática que a veces dura mientras la luz no cambia a verde.
Jorge Barquero
Bahía solo para TUC
El suddirector general de Transporte Terrestre del MTI, Jorge Corea, así como estableció una bahía única para el transporte de Carazo, también debería preocuparse por establecer el orden con los microbuses que salen de la terminal de la UCA a Masaya, Granada y otras ciudades. Es insoportable que estos microbuses ocupen la parada destinada al Transporte Urbano Colectivo (TUC), o sea para las rutas de Managua, para ellos estar recogiendo pasajeros.
Esto es un caos. Las rutas TUC muchas veces no se detienen porque los microbuses impiden su estacionamiento. Los perjudicados somos los usuarios que no podemos transportarnos en tiempo y forma. Las personas que tienen que utilizar el transporte de microbuses a los lugares antes mencionados se suben en la terminal correspondiente, pero son los buseros y ayudantes los que hacen este relajo.
Señor Corea, comprendo que usted no utiliza este tipo de servicio de buses, pero por favor, pase un día en dicha parada de la UCA y verá el desorden. Haga valer su autoridad ante estos transportistas anárquicos.
Carlos Romero Robleto
Menos demandas, larga espera
A propósito de la nota “Menos demandas, larga espera”, firmada por la periodista Tammy Zoad Mendoza M. en este Diario LA PRENSA el lunes 25 de agosto, solicito la publicación de las siguientes consideraciones:
– El jueves 21 de agosto Tammy Mendoza solicitó estadísticas y una entrevista con un funcionario del Tribunal de Familia para hablar del tema de alimentos. Por esa razón le solicité que me llamara por la tarde para confirmarle la hora y el nombre del profesional que le atendería, pero no fue sino hasta el día siguiente después del mediodía, que volvió a contactarse conmigo, cuando ya había pasado la hora que la judicial Xiomara Rivera Zamora había destinado para atenderla. No obstante, le ofrecí que el lunes de la siguiente semana retomáramos la entrevista, pues dada la carga de trabajo las y los judiciales deben organizar sus actividades.
– La lectura de su nota deja la impresión de que el Tribunal de Familia solo atiende demandas por pensión de alimentos. Sin embargo, la información que por solicitud suya envié a su correo electrónico la tarde del 22 de agosto consigna la atención de al menos quince tipos de causas más que también se llevaron en los primeros siete meses del año 2013 y 2014 y que en este último caso fue de 4,385 demandas, incluidas las 1,154 de alimentos propiamente dichas.
– Respetamos profundamente las opiniones de todos los ciudadanos y particularmente de nuestros usuarios, pero deseamos aclarar que si bien el Código de Familia fue aprobado hace dos meses, su aplicación iniciará hasta seis meses después de su publicación en el diario oficial La Gaceta (lo que aún no ha ocurrido), de manera que las dos audiencias para resolver un juicio que su nota refiere, corresponden a un sistema de tramitación y resolución que en este momento es inaplicable.
– Su nota menciona que no se le proporcionaron cifras de resoluciones. No obstante, esta inquietud de obtener esas cifras usted la planteó hasta la tarde del sábado 23 de agosto, cuando no disponía de las mismas por estar fuera de la oficina.
– A pesar de ello, su nota afirma que las sentencias tardan más de seis meses en ser emitidas. En la nota de prensa del 20 de agosto que se le remitió junto con los datos estadísticos, la jueza Primero Local de Familia, doctora Karen Gutiérrez, indica que la resolución de una demanda de alimentos en promedio se lleva un máximo de dos meses.
– Ese plazo de resolución obedece a que estos dos juzgados locales están destinados a resolver únicamente juicios de alimentos y divorcios.
– Tal como le aseguré en mi correo electrónico, en el Tribunal de Familia de Managua estamos para servirle, previa coordinación.
Janelys Carrillo Barrios. Prensa- Tribunal de Familia de Managua
Contestación de periodista
La nota “Menos demandas, larga espera”, publicada en lunes está basada en datos oficiales, consultas a abogados y testimonios de mujeres que están en procesos de demandas por pensión alimenticia. Toda la información está debidamente respaldada. Las aclaraciones que hace la oficina de Relaciones Públicas del poder judicial son válidas en cuanto a aportar detalles de los procesos y al período de validez del Código. Las afirmaciones de la lentitud y las trabas en los procesos de demandas por pensión alimenticia fueron explicadas y atribuidas a las fuentes consultadas.
La redactora
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A