Edgard Rodríguez
Después de fallar en dos finales consecutivas, el Bóer finalmente capturó el título de campeón nacional del beisbol de Nicaragua, al derrotar hoy 3-1 a la Costa Caribe en una serie que se extendió a seis partidos, y que concluyó sobre un formidable escenario levantado por el entusiasmo de más de 12 mil fanáticos en el Estadio Nacional Denis Martínez en Managua.
Marlin Mejía, con una jornada de recorrido completo, fue el héroe de la jornada por los Indios, que contaron también con batazos claves como un triple de Kenni Alegría y un doblete de Juan Carlos Urbina, que frustraron la ilusión de un segundo título para la Costa en años consecutivos. La Costa se había impuesto el año pasado al Bóer.
Un detalle curioso, fue que el Bóer utilizó a solo tres lanzadores en los últimos tres partidos, debido a que sus abridores lanzaron juegos completos, comenzando por Diego Sandino. Luego Róger Marín y finalmente Mejía, un tirador que estaba en la colina en el último partido en el 2011, cuando Estelí venció 1-0 a la misma Costa para imponerse en la Serie Final y por primera vez en la historia del beisbol nacional.
Hoy Mejía, en sus nueve entradas de labor, toleró solo cuatro hits y una carrera, producida por un jonrón de Dwight Britton en el primer episodio. Pero luego apretó con mucho vigor, mientras su oponente Wilfredo Pinner ofrecía una gran resistencia, pero al final cedió en el séptimo, cuando el triple de Alegría rompió un empate 1-1 y puso a los Indios en ruta hacia el triunfo 2-1, ventaja que se amplió a 3-1 en el octavo.
Tras el último out, los jugadores del Bóer saltaron de júbilo en el campo y los más de 12 mil fanáticos corearon el nombre del club capitalino, que captura un título por décima vez en su historia, y por primera ocasión desde el 2010, cuando había vencido precisamente a la Costa Caribe en una Final a cinco partido.
Con el trofeo en sus manos, los jugadores del Bóer dieron la vuelta olímpica en el estadio, en una marcha amenizada por el entusiasmo de sus seguidores desde las tribunas, que gritaban Bóer a todo pulmón en el coloso de concreto.