Lucydalia Baca Castellón
La reducción en la disponibilidad de alimentos, —provocada por los cada vez más repetitivos episodios de sequía debido a El Niño o inundaciones que trae La Niña—, amenazan con elevar los niveles de subnutrición y frenar los esfuerzos por reducir la pobreza que se realizan en Centroamérica.
“El Gobierno lo que ha estado haciendo es monitoreando cómo va el tema con los expertos de meteorología y formando comités y organizaciones para levantar un censo e información que permita elaborar un plan de contingencia… Cuando tengan esa información van a volver a llamarnos para decirnos cuáles son las necesidades específicas”, manifestó Meléndez.
Según la funcionaria, cuando se conozca la magnitud de los efectos de esta crisis, tanto el BCIE como el resto de instituciones acompañarán al Gobierno.
“Va a ser un esfuerzo de todos. No es solo una multilateral la que va a solucionar o va a apoyar al Gobierno, sino que toda la comunidad internacional y de banca multilateral tenemos que sumar esfuerzos para apoyar en las necesidades que en su momento en su plan y en sus estadísticas el Gobierno de Nicaragua nos presente”, afirmó Meléndez.
La funcionaria añadió que durante el encuentro los organismos también pusieron a disposición del Gobierno asistencia técnica y especialistas que den acompañamiento al equipo del Gobierno, que levanta la información en las zonas afectadas por la sequía.
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Según el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (Incap) la ingesta diaria debe ser de 2,640 kilocalorías que se deberían consumir a través de una dieta variada, explicó el especialista en agronegocios del BCIE, Ángel Murillo.
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El peligro más inminente lo enfrentan habitantes de comunidades del Corredor Seco del istmo, dicen especialistas del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Ellos se unen a las voces que recomiendan desarrollar a lo inmediato estrategias de adaptación de la agricultura al cambio climático, para evitar que se sigan perdiendo las cosechas y con ello garantizar la seguridad alimentaria y nutricional. Pero también que se frene la degradación ambiental y se impulsen acciones para garantizar la sostenibilidad.
En algunos de los países centroamericanos, en coordinación con instancias técnicas estatales, el banco ha identificado y focalizado los territorios con mayor vulnerabilidad y problemas de pobreza, en los que ha establecido indicadores para monitorear la situación.
Y para garantizar las reservas estratégicas de alimentos, ha fomentado alianzas público-privadas y la cooperación con los donantes para el establecimiento de centros de acopio, silos, secadoras, limpiadoras, bodegas y toda la infraestructura y equipos para el almacenamiento de los granos básicos, detalla el especialista en agronegocios del BCIE, Ángel Murillo, durante el taller Sostenibilidad ambiental: energía y seguridad alimentaria.
DEPENDE DE LOS GOBIERNOS
Según Murillo, la infraestructura para guardar los alimentos no requiere gran inversión y puede generar un gran impacto en las comunidades.
No obstante, aclaró que son los gobiernos los que están obligados a definir acciones para determinar qué, cómo y en qué condiciones producir, las consecuencias que esa producción tendrá en la población. Y a elegir las herramientas (de gestión de riesgo y emergencias agropecuarias) que permitan contrarrestar la inseguridad alimentaria, provocada por la pérdida de las cosechas.
Siendo así, estas decisiones dependen estrictamente de la voluntad política de los gobernantes de cada uno de los países de la región. “Si no existe la voluntad política, ni un marco de ley o regulación que priorice dentro de la cartera de la inversión pública de cada país estos temas, lamentablemente vamos a seguir invirtiendo en otros sectores”, indicó Murillo.
La falta de inversión pública, para contrarrestar los efectos del cambio climático en la actividad agropecuaria, incrementará la cantidad de personas subnutridas en la región y empobrecerá a los ciudadanos más vulnerables.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), el 16 por ciento de los centroamericanos, es decir unos seis millones de personas están subnutridas.
MÁS INVERSIÓN EN SALUD
Esto además de impedir un adecuado proceso de aprendizaje en los niños y el desempeño laboral en los adultos, se convierte también en un problema económico para los países porque eleva el gasto social.
“Lo primero que se me viene a la mente es el gasto en salud, a estas personas que están subnutridas se les desarrollan enfermedades que elevan el gasto público en salud”, manifiesta Murillo.
Además, advierte que dejar de invertir en este tema, en el futuro va a provocar gastos enormes para todos los países. Por el “desarrollo de nuevas enfermedades, resistencia de otras y otros temas que estamos empezando a vivir de una u otra manera”.
Murillo y Mario Cerna, especialista en energía de la institución regional, insistieron en que con algunas acciones e inversiones se pueden mitigar los efectos de la acelerada degradación ambiental que tienen en riesgo la sostenibilidad ambiental en la región —y el resto del mundo—; y que son el resultado de la actividad que el hombre ha realizado.
Cerna estima que junto con el cambio climático los otros dos grandes retos que enfrenta la humanidad en el siglo XXI son la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental. De ahí surge la importancia de promover y financiar proyectos de energía renovable “que contribuyen a estimular la innovación, la productividad y el crecimiento económico” de los países de la región.
ALCANZAR LA SEGURIDAD ENERGÉTICA
Por ello el BCIE financia iniciativas de generación de energía a través de fuentes hídricas, eólica, biomasa, geotérmica y solar, que contribuyen a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático, y por el alto costo del petróleo, reducen el costo de la factura petrolera de los países.
A la fecha ha desembolsado unos cuatro mil millones de dólares para financiar alrededor del cuarenta por ciento de la capacidad instalada para la generación de energía renovable de toda Centroamérica. Pese a los avances en el cambio de la matriz energética de los países, todavía resta mucho para que la región alcance la eficiencia energética.
“En el caso de Honduras en el 2010 la factura petrolera representaba el 9.7 por ciento del Producto Interno Bruto, cifra muy por encima de Costa Rica y Guatemala, donde la relación se ubica en el 3.8 por ciento y seis por ciento respectivamente, siendo Costa Rica el que menos invierte”, detalló Cerna.
Actualmente se estima que alrededor del 65 por ciento de toda la energía que se produce en Centroamérica es renovable. “El país líder de la región en producción de este tipo de energía es Costa Rica con alrededor del 80 u 85 por ciento de su producción energética de fuentes renovables, seguido por Guatemala. Nicaragua también ha mejorado mucho”, indicó Cerna.

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