Nicaragua debería estar en una situación mejor que la apariencia actual, pues en aquellos dorados tiempos cuando el auge de nuestra nación, basándose en la premisa que somos eminentemente agropecuarios y con el auge del algodón cuyas siembras llegaron a cubrir 350 mil manzanas, y 320 mil de granos básicos (maíz, frijoles, arroz, sorgo, etc.,) financiadas todas por el Banco Nacional de Nicaragua incluyendo la ganadería, permitían que al no ser suficiente la mano de obra jornalera nuestra, venían miles de Honduras y El Salvador. A pesar del declive del algodón, en 1978 exportábamos un mil millones de dólares, igual que Costa Rica, que tenían alto poder adquisitivo, pero vino el desastre del comunismo-sandinismo y desbarató todo el engranaje económico y al fin de los diez años de la noche oscura exportábamos 250 millones mientras Costa Rica aumentó en el mismo lapso a 4,000 millones.
Luego la Piñata, el mayor robo y enriquecimiento ilícito de unos cuantos, seguido del diabólico plan de mandar desde abajo e impedir el desarrollo del país, después la entrega de la nación a Daniel Ortega de manos de Alemán, siguiendo los fraudes ejecutados a vista y paciencia de todos nosotros y el derroche de autoritarismo, conculcando el mando de todos los poderes del Estado incluyendo las autoridades policíacas y militares, el escandaloso ascenso de la corrupción a todos los niveles, licitaciones amañadas para favorecer a los allegados, el despido de 23,000 trabajadores del Estado sin darle sus prestaciones como hicieron en los ochenta, irrespeto a la Constitución, la imitación a los dictadores de antaño como Somoza y Hitler por la profusión de la bandera del FSLN, igual que la esvástica, menospreciando los símbolos patrios, los atropellos a los que salen a protestar por las calles como los jóvenes que respaldaron a los adultos mayores del INSS, y a todos los que demuestran su repudio por algo, enviándoles las turbas mecanizadas con el apoyo de la policía, robándoles carros y varios, golpeando y destruyendo las cámaras a periodistas; el negar información a los diarios de todo lo que acontece, el silencio cómplice de todos los funcionarios para que no sepamos lo que sucede.
En fin tantas cosas que estamos viendo y que no las vimos en la dictadura anterior y el abierto anhelo de un enriquecimiento que anula todo señalamiento de solidario y cristiano, pues el afán es ser capitalista y para conseguirlo infringen todo para no dejar el poder. Es contraproducente escuchar al señor Ortega recitar la oración de San Francisco de Asís: “Señor haz de mí, instrumento de tu paz ”, pues aparentemente hay un cambio de pensamientos, pero no solamente el que dice: “Señor mío, y Dios mío”, se salvará, sino el que procede conforme las leyes y mandamientos, y se arrepiente de sus pecados.
Hubiera sido más impactante oír decir a Ortega, después de la oración de San Francisco, “Señor, perdóname, por todos los pecados que he cometido, por la destrucción de Nicaragua, por haber violado la Constitución repetidas veces, por querer perpetuarme en el poder, por haber ofendido a la Iglesia católica en los años ochenta, por los fraudes que he cometido para estar en el poder y violar los derechos de mis compatriotas. Te ofrezco como Saqueo restituir cuatro veces todo lo que quitado al pueblo”.
Y hay muchas cosas más por agregar y acompañado por un arrepentimiento auténtico y confesión ante un sacerdote, obtener así el perdón de Dios, pues Él aborrece los pecados pero ama al pecador. Él pone y quita reyes y gobernantes y aquellos que maltratan a sus pueblos quitándoles sus derechos, que proclaman no a la venganza, pero la alientan, no esperen que sus almas irán a ver la luz del rostro de Dios, sino que se hundirán en las profundidades del averno. El autor es cooperativista, fue funcionario del BNN.
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