Al llegar a mi escritorio de trabajo entre otros papeles había una nota en que me recordaba que me presentara el día jueves en la oficina número ocho del pasillo dos, para el examen médico.
Debo aclarar que no estoy enfermo es porque la Esso acostumbra hacer una revisión médica a todo el personal todos los años, según dicen los economistas la medicina preventiva ahorra dinero a las compañías.
No soy economista soy matemático, tanto que mis amigos se rieron mucho cuando dije que el atractivo de una mujer se mide por el valor del ángulo opuesto al que forma el pie con el tacón.
Desde ese día cada uno tomó su tajada y comenzaron hacer chistes de mi persona, uno dijo que soy tan cuadrado que me engomo el pelo para que mi partido forme una escuadra perfecta (algo que no es cierto porque ya estoy medio calvo).
Ese día jueves me levanté más temprano a preparar las muestras para el laboratorio porque conozco esa rutina, mi esposa me dio el pomo y el frasquito que ella había lavado y desinfectado, creo que era uno Elizabeth Arden la que usan las señoras para las arrugas y el frasco de colonia Lacoste mi perfume preferido.
Me dirigí al trabajo con un poco de miedo, ese mismo que sentía cuando tenía exámenes de primaria aunque me siento en buen estado físico no me duele nada, frente a la bata blanca uno se siente algo temeroso.
Entré a la oficina número ocho que estaba convertida en una clínica improvisada, me atendió una enfermera por cierto muy bonita y con gesto machista extendí el brazo para que tallara el torniquete, deslizó sus dedos por mi piel buscando el lugar adecuado para extraer la sangre, diciendo: que buenas venas tiene usted ingeniero, me sentí recompensado por todo lo que he sudado en mi vida haciendo push ups, luego la presión sanguínea, el peso, todo con diez.
Después pasé al doctor clínico, respiración, esfuerzo, empujó sus dedos en mi abdomen y todo perfecto. Al salir la enfermera bonita me dijo: Ingeniero necesito las muestras de heces y orina, debo haberme ruborizado porque le dije casi de espalda, ya regreso.
Fui a mi camioneta por las muestras que había dejado en el tablero, no las llevé conmigo porque cuando bajé en la entrada había un grupo de obreros y no quería pasar con mis miserias ante ellos.
Cuál sería mi asombro que se las habían robado! No pude contener un ataque de risa.
Cruce los brazos sobre mi cabeza para ocultarme y me recosté en la puerta del vehículo que seguramente había dejado abierta por los nervios.
Esto no puede ser. Es increíble. Crema para las arrugas.
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