Marcela Duarte
psicóloga clínica
Buda decía que “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”, suena tan fácil cuando se oye así. Casi todo el mundo ha sufrido alguna vez en su vida por amor y quien no ha escuchado la frase “déjalo, no te merece, encontrarás a alguien mejor, hay muchos peces en el agua”, pero cuanto más nos dicen más pensamos qué saben ellos, qué fácil es decirlo cuando no se está en el lugar de otro.
Pero, por qué es tan difícil olvidarnos de las personas y por qué es que seguimos sufriendo por alguien a pesar de que intentamos no hacerlo. Para los neurólogos el amor es un fenómeno neurobiológico o un estado físico-químico de demencia temporal que dura máximo cuatro años y que puede compararse con un estado obsesivo compulsivo, y el mal de amor no sería lo contrario, todo está relacionado con una serie de neurotransmisores que cuando el amor no es correspondido de la misma manera se reducen, tales como la dopamina, un neurotransmisor, el cual es conocido como la droga del amor.
Esta droga se eleva en las primeras etapas del enamoramiento y es el motivo por el cual tenemos ese sentimiento de felicidad intensa, conforme comienzan las peleas o surge el rechazo estas van disminuyendo, lo que provoca ese sufrimiento al que no encontramos cura.
Esta cantidad de dopamina, que es superior en las mujeres, explica por qué ellas después de un rompimiento tardan más tiempo en olvidar a su novio. Esta razón también explica por qué un hombre puede reiniciar una nueva relación con alguien, a diferencia de ellas.
Mientras tanto la ciencia está buscando la cura para el mal de amor, y así lograr suprimir a voluntad el enamoramiento y detener sufrimientos inútiles, pero visto desde otro punto de vista a veces son necesarios estos sufrimientos para crecer y mejorar, si perdiéramos el amor y su sufrimiento perderíamos la naturaleza del romanticismo y mientras esto no sea posible solo nos queda tratar de superarlo de la forma más sana posible.
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