Lidia López
@lidia_lopezb
¿Qué tienen en común un puesto de batidos y café con una de lubricantes o una empresa de donas? Seguro decís que ¡nada!
Pero Aquí Entre Nos te contamos que sí lo tienen. ¿Qué es? ¡Sus dueños!
Y no te hablamos de la misma persona, sino de tres chavalos que comenzaron con una pequeña idea de negocio y la transformaron en algo concreto, ¡toda una realidad!
Así que si vos también tenés pensado crear tu propia empresa, tomá nota, porque ellos te demuestran que no importa la edad, lo que cuenta son las ganas, perseverancia y actitud y esto es solo por mencionar algunos elementos, pues estos emprendedores tuvieron que valerse de ¡todo!
Machine bajo control
Era un 11 de noviembre de 2013 y Walter Montoya todavía no estaba claro cómo le iba hacer con el negocio de lubricantes.
Con la ayuda de su papá y uno de los hermanos de la iglesia a la que asiste, se la “jugaron” para definir su idea. El garaje de su casa es el lugar para que día a día Lubricantes Montoya atienda a sus clientes.
Pero como era de esperarse, todo inicio es “duro” y más para Walter, quien es un chavalo tímido. Sin tener idea de lo que era un cambio de aceite o cuántas marcas existían para realizar este tipo de trabajo, poco a poco fue familiarizándose con ello.
La fe y actitud de que sí se podía no se le apartó de la mente. “Yo lo administro, atiendo a los clientes, veo todo”, comenta Walter.
Y aunque no lleve mucho tiempo en este negocio, él lo cataloga como “muy exitoso”. Walter nos confiesa que comenzó con cuatro marcas de lubricantes, ahora cuenta con más de 16. ¡Genial! Este chavalo de 19 años y estudiante de tercer año de Ingeniería Civil confiesa que “ha adquirido mucho conocimiento”, pues necesita estar al tanto de los precios de los productos y sus variables. ¿Cuál ha sido la clave del éxito? La comunicación con sus padres. Ahora, Lubricantes Montoya cuenta con treinta clientes. Su objetivo: crecer y convertirse en proveedor de las demás tiendas de estos mismos productos.
Sabor en tu boca

Su deseo de aprender algo nuevo y estar ocupada en algo que valiera la pena llevó a Esther Suárez Ortega, de 17 años, a crear su negocio de Disfruta batidos y café, en los alrededores del Hospital Bautista.
¿Cómo comenzó todo? De unas ganas de comer saludable, nos relata esta chavala.
Brindar una opción beneficiosa para alimentarse es el objetivo principal con el que llevó a cabo esta idea. Sus aliadas para convertir este sueño en realidad fueron su mamá y tía, quienes la apoyaron al ciento por ciento. ¡Así que manos a la obra!
La primera misión para Esther fue investigar todo sobre las máquinas y recetas, así como todo lo que tenga que ver con este perfil.
¿Pero qué es lo que la diferencia de los demás? Para comenzar, esta carismática chavala nos explica que su locación está en un lugar donde mucha gente necesita de alimentos saludables, así como de un buen café, entonces, “¿por qué no hacerlo?”, se dijo.
Con esta propuesta, Disfruta batidos y café, no solo ofrece este tipo de bebidas, sino “tips” provechosos que tengan que ver en la prevención de enfermedades que cada vez se están volviendo más “comunes” entre la gente. ¡Muy bien! Pero… ¿Quién la asesoró? “Dios. Él fue mi guía y quien me ayudó en todo, aparte de mi mamá y mi tía”, resalta Esther.
Con poco tiempo de existir, cuenta con dos jóvenes trabajadoras a quienes capacita en atención al cliente, así como en la elaboración de las bebidas.
¿Su meta? Crecer como negocio e innovar en la manera de atención al cliente. Piensa en un futuro contar con una nutricionista y el mejor personal para atender y educar a la gente de cómo se puede disfrutar de unas bebidas saludablemente. Podés buscarlo en Facebook como Disfruta batidos y café.
Dulce y rica idea

Carlos Álvarez Rivas, de 24 años, estudió Administración de Empresas. Él confiesa que “no se miraba trabajando para alguien”. Su ambición de querer ser el dueño de su propia empresa no se la quitó nadie. Así fue como Prima Donna inició como un pequeño proyecto.
En sus primeros pasos contó con dos máquinas y hacía treinta cajas de donas al día. Ese era su trabajo. Para este joven, muchas veces sus ganancias eran para cubrir los gastos de las máquinas y pagar a sus empleados, por lo que se frustraba.
“A mí me gusta ser administrador y gerente de negocio”, cuenta Carlos. Él se encarga de capacitar a sus empleados en la elaboración de las donas.
Tiene casi dos años en el ámbito laboral. Carlos nos cuenta que ahora sí puede decir que su empresa está consolidada, aunque hubo momentos en los que dijo “no puedo más, voy a tirar la toalla”. Ahora su producción diaria es de más de doscientas cajas. Su objetivo es llegar a mil.
Perseverancia, dedicación y paciencia han sido los factores por los que Carlos ahora goza de su éxito. Eso sí, no se olvida del apoyo que sus padres le han brindado y agradece por la motivación que le dieron en los momentos más difíciles. ¡Qué bien!
Brindar a las personas un producto de calidad es su primer objetivo. Te contamos que su producto los podés encontrar en supermercados, colegios, miscelanias, entre otros.
¿Y su meta? Ofrecer Prima Donna a los mercados de Centroamérica.
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