Unos partidarios de la independencia de Escocia hacen campaña por el «sí» en el referéndum el 21 de septiembre de 2013 en Edimburgo. LA PRENSA/AFP

La inquietud de una pequeña ciudad fronteriza por la independencia de Escocia

En la ciudad más al norte de Inglaterra, la gente mira al otro lado de la frontera y se inquieta por lo que pasaría si la vecina Escocia se independiza tras el referéndum del 18 de septiembre.

En la ciudad más al norte de Inglaterra, la gente mira al otro lado de la frontera y se inquieta por lo que pasaría si la vecina Escocia se independiza tras el referéndum del 18 de septiembre.

Berwick upon Tweed cambió de manos entre Escocia e Inglaterra 13 veces en las guerras fronterizas medievales hasta que se convirtió definitivamente en inglesa en 1482. Su muralla del siglo XIV es un recuerdo de su pasado turbulento.

Esta ciudad de casi 12,000 habitantes es inglesa, pero Londres está a 482 kilómetros y Edimburgo, a 80.

Los vecinos temen por el futuro incierto de su hermosa ciudad del mar del Norte si Escocia se independiza.

«Tenemos que sentarnos y esperar hasta septiembre para ver cómo vota Escocia», explicó la alcaldesa, Isabel Hunter, cuyo partido, el Liberal Demócrata, apoya el «no» en el referéndum y que Escocia siga siendo parte de Reino Unido.

Los sondeos revelan que los independentistas, liderados por el jefe de gobierno regional, Alex Salmond, perderán con diferencia el referénddum. Una encuesta del instituto YouGov para el diario escocés Scottish Sun difundida el lunes dice que el «no» a la independencia logrará el 55% de los votos y el «sí», el 35%.

La frontera invisible 

Que Escocia sea parte de Reino Unido significa que no hay que hacer nada para ir de un lado a otro de la frontera con Inglaterra.

Un cartel que reza «Bienvenido a Escocia», a unos kilómetros, es todo lo que el viajero se encuentra a su llegada a la región del norte. Eso significa que los habitantes de ambos lados van y vienen para ver a la familia, ir al trabajo o visitar al médico y no tienen que cambiar dinero.

Kevin Strachan tiene 23 años y trabaja en una tienda de artículos deportivos de Berwick, pero vive en el pueblo escocés de Chirnside. «Muchos amigos míos viven en diferentes lados de la frontera. Dependemos mucho de Inglaterra. No hay trabajos donde vivo, me parece que la independencia no sería una buena idea», explica.

La alcaldesa Hunter, que tiene una pequeña empresa de transporte, dice que los vecinos no tienen conciencia de la frontera «porque van y vienen muchas veces». «Durante mucho tiempo bromeamos diciendo: 'necesitarás llevar tu pasaporte en la furgoneta cada día y más vale que sea un pasaporte grande para que quepan todos los sellos que vas a necesitar'», explicó. «Empezó como una broma, pero uno empieza a pensar que si gana el 'sí', irá en serio», lamentó.

La historia del conflicto entre Inglaterra y Escocia hasta su unión en 1707 a Reino Unido -al que también pertenecen Gales e Irlanda del Norte-, ayudó a crear estereotipos, como el del escocés peleón o el del inglés arrogante.

Pero la historia de Berwick dice mucho también de los lazos que existen entre muchos ingleses y escoceses. La identidad de la ciudad es mixta. El acento es una mezcla de escocés e inglés del norte, y su equipo de fútbol, el Berwick Rangers, juega en la liga escocesa pese a ser inglés.

Los vecinos han aprendido a vivir con esa ambigüedad, explicó Phil Johnson, que dirige dos periódicos locales: el Berwick Advertiser, que cubre el lado inglés de la frontera, y el Berwickshire News, el escocés. «Mucha gente tiene repartida a la familia a ambos lados de la frontera, o trabajan en el otro lado», aseguró. «Eso ocurre desde hace generaciones, así que reina la sensación de que primero somos de Berwick», relata.

«Hemos cambiado de manos unas diez veces. He visitado sitios más allá de la frontera y no veo que sean diferentes en nada», sentenció Laura Jerdan, de 27 años, que trabaja en una zapatería.

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