Quizá la próxima vez, Erasmo Ramírez consiga lanzar perfecto. Tal vez de esa forma, el mánager Lloyd McClendon, se sienta animado a dejarlo caminar al menos cinco entradas y así pueda obtener una victoria.
Y no se trata de fanatismo. Tampoco es ver a través del lente de la simpatía, que suele ocultar defectos y agrandar virtudes, pero este mánager se ha excedido. Y no ha destruido la confianza de Erasmo, porque el chavalo tiene un carácter firme.
El domingo, Ramírez había sujetado con uñas y dientes una ventaja de 3-0 en los primeros cuatro innings ante los Medias Blancas. Y al menor titubeo en el quinto se lo llevó, provocando gran sorpresa en el nica y los más de 26,000 fanáticos en el parque.
Esta fue la sexta vez en las últimas siete aperturas que Erasmo queda sin decisión. No gana desde el 1 de abril, cuando venció 8-3 a los Ángeles, en lo que pareció el inicio de gran campaña. En lugar de eso, ha sido relegado al papel de suple falta.
Aún así, el rivense no ha lanzado mal. En esos siete partidos, tiene 0-1 y 2.36. En 34.1 innings, tolera 31 hits y nueve carreras limpias, con 29 ponches. En ese lapso, un día McClendon lo hizo tirar 114 envíos. Ahora lo sacó tras 65 disparos, 45 por la zona.
“A veces te guías por los instintos, no por los números”, dijo McClendon, tras ser interrogado por la movida de Ramírez. “Vi que no tenía gas. Sus disparos estaban subiendo”, agregó el mentor, luego del partido.
Erasmo tenía otra visión de lo acontecido, y aunque no entró en confrontación con su mánager, sí dejó en claro que se sentía bien y que podía seguir. Eso reitera su carácter. Ha lanzado bien donde le ha tocado. Alguien lo verá y lo valorará.
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