Arnoldo Toruño T.
En la UNAN-León, disposiciones del gobierno universitario en relación al cuerpo docente tienden a reducir sensiblemente la calidad de la docencia, lo que perjudica directamente a los estudiantes, así como la capacidad institucional para la investigación científica.
En efecto, ambos procesos: docencia e investigación, tienden a deteriorase con la progresiva sustitución de profesores de planta por profesores horarios, y el estancamiento en el número de profesores. Esto ocurre debido a la disposición de que los profesores que se jubilan, los que fallecen, o los que por cualquier otra causa dejan la Universidad, en su mayoría están siendo reemplazados por profesores horarios. Estos reciben pago por cada hora de clase que imparten; por lo tanto, no disponen de tiempo para la evaluación y planificación de la docencia, ni para trabajar en mejoramiento curricular. Por otra parte, el número de docentes está estancado o disminuyendo, mientras el número de estudiantes es cada vez mayor. Para un mejor aprendizaje, sobre todo si se pretende desarrollar competencias y no solamente transmitir información, se necesita que el número de estudiantes que debe de atender cada profesor sea cada vez más pequeño, porque así es más factible que los alumnos puedan aclarar sus dudas, discutir, observar la demostración que hace el profesor, de practicar bajo su acompañamiento, y de recibir las evaluaciones personalizadas que le permitan superarse. En sentido contrario, la directriz de las autoridades de la UNAN-León es que se formen grupos más grandes de estudiantes alrededor de cada profesor.
Cabe señalar que el cuerpo docente también ha salido perjudicado por la política de “limpieza partidaria”, que ha llevado a perder profesores competentes, pero que no eran sumisos a las directrices partidarias, y entre los que se incluyen algunos sandinistas de mucha trayectoria, y a nombrar profesores buscando lealtad partidaria más que competencia profesional y conducta ética.
La disminución de la capacidad institucional para la investigación científica también se deriva de que los profesores horarios no disponen de tiempo para la investigación. Así, la UNAN-León tiende a involucionar hacia un centro dedicado a la transmisión de información, alejado de lo que es una universidad moderna.
La comunidad universitaria y la sociedad entera, merecen una explicación de parte del gobierno universitario sobre los motivos de este deterioro en el cuerpo docente. Si, con la excepción del año 2009, el aporte estatal ha venido aumentando; si cada profesor saliente deja su plaza, y si el costo de contratar uno nuevo es inferior porque no percibe plus por antigüedad, no se ve razón para lo que está pasando. Los estudiantes, directamente perjudicados por la reducción en la calidad de la docencia, merecen que el CUUN, como integrante del gobierno universitario, les ofrezca una explicación sobre su papel en este asunto. Lo que hasta ahora se nota es una pasmosa pasividad.
La reducción en la calidad de la docencia y en la capacidad institucional para la investigación científica se vienen a agregar a otros igualmente serios: pérdida de la autonomía universitaria y de la libertad de pensamiento; abandono de la legalidad y de la ética, cuando las mismas entran en contradicción con los intereses del orteguismo; olvido de su papel de conciencia crítica de la nación; un malsano clima organizacional que ha desatado una oleada de jubilaciones. En conjunto, la imagen de la UNAN-León es de ruinas, y cada universitario y cada nicaragüense deben decidir si se limita a observarlas, como cuando se visita un sitio arqueológico, o hace algo para reconstruir esta gloriosa institución. El autor es médico leonés.