Por Moisés Hassan
Es bien sabido que, detrás del telón, inexorable división entre quienes contemplan cualquier obra de teatro y quienes la montan, se preparan y ensayan, cuidadosamente, expresiones corporales y orales, vestimenta, maquillaje y numerosos utensilios y efectos especiales que, una vez alcanzado el grado de perfección deseado, habrán de ser presentados a los espectadores. Con la esperanza de deslumbrarlos, de captar sus delirantes aplausos y, no pocas veces, de manipularlos.
Una infernal comedia se está actualmente montando en Nicaragua. Y la montan un conjunto de personajes, sus rostros ocultos detrás de cierto sujeto, no por anodino menos peligroso para nuestro país. Personajes que en eso de saqueos, corruptela y embustes de seguro no son ni mancos ni aprendices. Individuos que inexplicablemente escogieron como agente, pese a su evidente torpeza, a un tal Wang Jing: ¿tanto menosprecian la inteligencia y dignidad del nicaragüense?, ¿tan seguros se sienten con la protección que les brindan sus compinches Ortega-Murillo?, ¿debe Wang su papelón a parientes o amigos poderosos?
Yo he tenido la impertinencia de escudriñar detrás del telón. De tratar de mirar más allá de las deslumbrantes luces que lo adornan y pretenden cegarnos. Como aquella que encendieron cuando, en la lista de personas más ricas de China, la revista Forbes en 2013 incluyó, en el lugar 94, a un antes anónimo individuo, Wang Jing. Sin poner su foto, seguramente aún no les había llegado cuando la revista tuvo que entrar a imprenta, tan precipitada habrá sido la decisión de incluirlo. O aquella otra que desde las páginas de esa misma revista nos encandila cuando ensalza las maravillas del milagro económico de Nicaragua. Demasiadas, insólitas e inaceptables coincidencias. Y, acicateada por ellas, algunos descubrimientos hicieron despertar mi curiosidad.
Descubrió ella que los dueños de la revista desde hacía largo tiempo no estaban satisfechos con su comportamiento económico. Que, en consecuencia, estaba en venta desde el año 2007. Que el edificio emblema de la empresa, su sede en New York, había sido vendido en marzo de 2009. Y finalmente, que el 18 de julio pasado fue anunciada la venta de alrededor del 80 por ciento de sus acciones. La explicación, en las palabras —no textuales— de Steve Forbes, presidente de la compañía: “El impacto de internet sobre la forma tradicional de publicar influyó sobre la decisión de hacer la transacción”.
Mis amables lectores se deben estar preguntando: “¿Sí, pero quiénes hicieron la compra? La impactante y reveladora respuesta: una recién formada empresa de Hong Kong, “Integrated Whale Media Investments” y ya no tan misteriosas se vuelven las “coincidencias”. De aquí a concluir, casi con absoluta certeza, que los personajes agazapados detrás del amigo Wang, los favorecidos con la entrega de Nicaragua, están entre los socios de esa voraz ballena (whale) no hay más que un paso.
Pero aún quedan enigmas por aclarar y cabos que atar. Partiendo del hecho irrefutable de que ningún auténtico hombre de negocios invertiría un centavo después de oír hablar a Wang o uno cualquiera de sus súbditos locales, no puedo menos que concluir —para empezar— que los ocultos patrones de este son al mismo tiempo sus fantasmales inversionistas. Cualesquiera sean los designios —descartando la sandez canalera— que realmente tengan en mente para Nicaragua.
Luego, puede ser útil —aunque ciertamente no conclusiva— en el esfuerzo de identificar estos espectros, una información recientemente divulgada, el 21 de junio, por un consorcio de periodistas investigativos. Según esta, más de una docena de miembros de las familias de algunos de los principales dirigentes políticos y militares de China, han sustraído y tienen en compañías offshore de las Islas Vírgenes Británicas, una suma cercana a los cuatro trillones de dólares. Figuran entre ellos un cuñado del presidente Xi Jinping, un hijo, y un yerno del expremier Wen Jiabao, y un caballero cuyo nombre es Wang Jingjing, vinculado a Wang Zhen, uno de los “ocho inmortales del partido comunista”. ¿Coincidencia? ¿Queda explicada la inexplicable visita de Ban Ki-moon y la escasa presencia del “canal” en el “discurso” pronunciado por Ortega el 19 de julio?
El autor es dirigente del partido de acción ciudadana.
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