Bloomberg News
Ni siquiera muerto se puede escapar de la burbuja inmobiliaria. De Nueva York a Londres, poblaciones cada vez más numerosas, compiten con los muertos por la tierra, haciendo subir los costos de las propiedades hasta en la otra vida. En las megaciudades de Asia, donde lo común es la cremación, hasta el espacio para urnas escasea.
En 1960, menos del cuatro por ciento de los estadounidenses elegían ser reducidos a cenizas. En 2012, el porcentaje fue de 43 por ciento, según la asociación. Este sigue siendo más bajo que en Londres, donde llega al 70 por ciento, o en Tokio, donde prácticamente no hay alternativa a la incineración.
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“Al fin de cuentas, es como cualquier otra propiedad inmueble”, dice Amy Cunningham, directora de una funeraria autorizada del estado de Nueva York. “Los precios conspiran para dejar los entierros fuera del presupuesto de la mayoría de las personas”.
Cada semana mueren unos mil neoyorquinos. Manhattan se está quedando sin espacio para ellos. Un mausoleo de 756 pies cuadrados (70 metros cuadrados) en el Cementerio de Green-Wood, ubicado en el límite del barrio Park Slope de Brooklyn, cuesta 320 mil dólares. Una vivienda unifamiliar de 1,800 pies cuadrados al otro lado de la calle se vendió por 245 mil dólares en 2009. Hoy vale un millón de dólares, según el sitio web de bienes raíces Zillow Inc.
El exalcalde Ed Koch quizá sea uno de los últimos neoyorquinos en ser enterrado en Manhattan. Pagó al Cementerio de Trinity Church 20 mil dólares en 2008, cinco años antes de fallecer a los 88.
“No quiero dejar Manhattan, aun cuando ya no esté aquí”, le dijo Koch a The Associated Press en aquel momento. “La idea de tener que irme a Nueva Jersey me resultaba muy angustiante”.
Al otro lado del río Hudson hay más de cien cementerios para elegir. Salir de los cinco barrios puede reducir el costo en un 75 por ciento, señaló Cunningham. Hacia el norte del Estado, una sola parcela rural a menos de tres horas de auto del Puente George Washington puede costar tan solo 500 dólares. Puede ser más barato aún tirar las cenizas al mar o ser apilado sobre un cónyuge para toda la eternidad.
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