Mucho se está hablando respecto a la necesidad de conformar una fuerza político-social capaz de obligar a Daniel Ortega a permitir elecciones libres y vigiladas por organismos nacionales e internacionales, con padrones y centros de votaciones conocidos por todos, cédulas distribuidas a todos los ciudadanos y mecanismos para evitar fraudes, como fiscales acreditados con tiempo, número de seguridad en las boletas, uso de tinta indeleble y marcas en la cédula.
En realidad esta condición sería suficiente para sacar al orteguismo del poder, porque sigue siendo minoría. La alternativa sería la lucha armada que significaría la muerte de muchos nicaragüenses de todas las ideologías, cuya sangre es demasiado valiosa como para ser derramada en otra guerra fratricida que ya no ruja la voz del cañón.
Hubo unidad en la acción para sacar a Somoza en 1979, pero en 1990 no hubo una verdadera unidad, en el sentido de que además de los 14 partidos que conformaron la UNO, habían otros 9 partidos incluyendo el de Ortega. En total 10 casillas, sin embargo el 52 por ciento votamos por doña Violeta. En 1996, el PLC de Arnoldo Alemán corrió en la 21 de 24 casillas, pero el 56 por ciento votamos por él (aunque después nos defraudó). Quizá lo más parecido a una unidad fue cuando Bolaños ganó con el 52 por ciento de entre cuatro casillas, gracias al prestigio que tenía en ese momento el PLC, antes de ser dividido por el mismo Bolaños, Alemán y Montealegre.
Creo que debemos estar de acuerdo en que es muy improbable, casi imposible, que en las próximas elecciones, si las hay, vayan sólo dos casillas: el orteguismo y el antiorteguismo, pero en realidad eso no importa si entre los candidatos se encuentra una persona honesta y con arraigo popular como el caso de Fabio Gadea Mantilla que sabemos que ganó con cerca del 60 por ciento de los votos, pero fuimos víctimas del más ignominioso fraude de nuestra historia y el PLC iba en otra casilla.
En 2008 hubo “unidad” entre el PLC y el PLI (la misma que quieren reeditar) y eso no impidió el fraude en más de cuarentas alcaldías, con la complicidad de los magistrados del PLC.
Además, llama la atención el hecho de que Virgilio Gurdián haya sido nombrado Presidente de la reciente Convención del PLI en la que Montealegre fue designado Presidente de ese partido y cuatro días después el mismo Gurdián fue nombrado Magistrado de la Corte Suprema de Justicia orteguista, lo que nos indica de pláticas entre Ortega y Montealegre, además de las cero actividades de este último contra la dictadura del primero.
De todo lo dicho se desprende que ninguna unidad de los verdaderos patriotas democráticos puede pasar, ni siquiera contar, con el PLC y el PLI, en los que reina una fidelidad perruna al respectivo caudillo (lo mismo que en el orteguismo).
La unidad del PLC y el PLI, es la unidad de políticos que se han adaptado y conformado con ser zancudos y la evidencia más contundente es que todos ellos participan de las mieles del poder.
Por otro lado el término político “liberal” se refiere a la ideología de la Revolución Francesa ocurrida entre 1789 y 1799, que promulgaba igualdad, libertad y fraternidad o justicia. Supuestamente esta ideología fue puesta en práctica por José Santos Zelaya con su “revolución del 11 de julio de 1893”, pero él mismo se convirtió en un dictador que estuvo por 17 años en el poder, cambiando para ello tres veces la Constitución, incluyendo aquella “libérrima” que no vivió ni seis meses porque impedía su reelección. Los tres Somoza, autollamados liberales, cambiaron seis veces la Constitución para estar 45 años en el poder. El último “liberal” en el poder, Arnoldo Alemán (porque Bolaños nunca fue liberal ni de nombre), fue condenado por robar del tesoro público y le facilitó la toma del poder a Ortega.
Lo que trato de decir es que el liberalismo nunca ha existido como tal en Nicaragua, sólo de nombre y con una bandera roja que podría ser de cualquier otro color.
Sí necesitamos la unidad azul y blanco, de los colores de la Patria, con todos aquellos que jamás han sido cómplices del poder que pretendemos sustituir para llevar a Nicaragua por la ruta de la libertad, la igualdad y la justicia y no es necesario que el vehículo electoral que lo haga posible lleve el mote de liberal. El autor es médico.
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