Inés Izquierdo
Este tema parece algo divertido, pero créanme que es muy interesante, porque muchas veces hemos oído mencionar a fulano, zutano, mengano y perengano, sin preguntarnos de dónde salieron esos términos.
Son formas usadas para mencionar a alguien sin usar su nombre porque no lo sabemos o porque no lo queremos decir, por alguna razón que solo nosotros sabemos.
Quiero aclararles que no existen evidencias históricas de la existencia de fulano, mengano, zutano y perengano, pero sí hay elementos lingüísticos que explican su origen.
Por ejemplo fulano, que es el más utilizado de los cuatro, nos llega del árabe fulan que significa: “persona cualquiera” y evidentemente es el más usado cuando hablamos: “Ahí está el fulano ese que te anda persiguiendo”.
Con respecto a mengano, coincide en que nos llega del árabe: man kan, que quiere decir “quien sea”, se emplea (casi siempre) en segundo lugar y acompañado de fulano y/o zutano: “A fulano y mengano no les pagaron ayer”.
Ahora en el caso de zutano proviene de citano y muy probable, de la palabra latina scitanus, que significa “sabido”. No se sabe bien porqué se añadió pues en algunas ocasiones también se coloca en segunda posición, tras fulano.
Perengano es una palabra más reciente y la de menos uso de todas ellas. No se han encontrado raíces en otras palabras antiguas y/o de otros idiomas, lo que hace pensar que puede ser una combinación que se realizó del apellido Pérez con la palabra mengano.
Estas cuatro palabras también tiene su variante al femenino (fulana, mengana, zutana y perengana) aunque la primera se suele utilizar para calificar despectivamente a una mujer cuando alguien se quiere referir a ella como prostituta: “Finalmente resultó ser una fulana”.
También es muy común utilizar las palabras en modo diminutivo: fulanito, menganita, zutanito, perenganita y/o acompañados de un “apellido” figurado: Fulano de tal, Menganita de cual
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