Las personas que viajan solas, al volver, se sienten más autónomas. LA PRENSA/THINKSTOCKPHOTOS

El viaje de la felicidad

Un viaje no es una terapia en sí, pero podría decirse que nos sirve como tal.

Un viaje no es una terapia en sí, pero podría decirse que nos sirve como tal.

“Un viaje puede producir un extra de vitalidad, de la que estamos faltos en algunos momentos. La rutina en la que nos movemos, con modernos trabajos sedentarios, no es lo mejor para nuestra salud psicofísica, así que hemos de activarnos para potenciar cuerpo y mente. Si lo que alguien busca es descanso o relajación, lo encontrará en un viaje”, apunta Alberto Bermejo, del Gabinete de Psicología Clínica EIDOS (Alicante).

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Cuando toca viajar es una buena oportunidad para conocernos mejor y reflexionar sobre nuestra propia identidad. “Nos hace más libres, nos escondemos menos y nos quitamos algunas de las caretas que llevamos cada día. Somos más nosotros mismos y es una forma de descubrirnos y sorprendernos de lo que somos capaces de hacer”, señala Bermejo.

Es ahí la necesidad que mira el especialista de viajar; de esta forma se conocen nuevos amigos y se rompe la actitud de subordinación.

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