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Jorge J. Cuadra V.
Bandejas van, bandejas vienen, llenas de licores exóticos y bocadillos gourmet, servidos por meseros vestidos de inmaculado blanco a los invitados y acompañantes de la tribuna principal, ante la miseria del pueblo nicaragüense, congregado por la fuerza del chantaje laboral con hambre, sed, ganas de orinar y ganas de defecar, sin poder hacerlo porque son tratados como ganado en pie camino al matadero.
Y dicen ser cristianos, socialistas y solidarios. Y por eso la presencia del cardenal caduco y por eso los invitados cubanos y por eso el ropaje popular, pero no engañan a nadie porque por sus propios frutos se dan a conocer.
La primera impresión que uno se lleva al llegar a la congregación de los empleados públicos y de los serviles de Nicaragua, es que nos encontramos en un festival compuesto por un colosal plagio musical. La mediocridad de la señora Murillo no da más que para ponerle letra a la música de insignes artistas que llegaron al estrellato por talento no por robo de obras ajenas. Nada más fácil que llenar el espacio con melodías ajenas a falta de logros propios y de ideas originales.
Lo que vemos a campo abierto es el fracaso de la revolución sandinista que a 35 años de haber triunfado tiene al pueblo sumido en una miseria tan grande que no le da para comprar frijoles.
Podemos decir que doña Rosario es una excelente organizadora de eventos multipopulares, una graciosa bailarina que lleva a la perfección el compás de la música desde su estrado central y nada más.
Y terminó el 35-19 sin pena ni gloria. Eso sí, con un derroche de luz, de color y de música. Nada nuevo en el discurso central del comandante Ortega. Una repetición de la historia de la revolución según Daniel Ortega, el cual no se atrevió a tocar los temas torales de la actualidad, como el desempleo, la pobreza extrema, el hambre y el éxodo imparable de nicaragüenses hacia el exterior en busca de mejores sitios para salir de la miseria y del hambre.
Felicito a doña Rosario por su capacidad empresarial en cuanto a montar eventos se refiere y al presidente Ortega por habernos evitado escuchar la retórica usual y desfasada de otros tiempos. Se le quedó por fuera el canal interoceánico, algo extraño puesto que el canal es la panacea que el señor presidente en nombre del pueblo sandinista le va a regalar a toda la nación. A lo mejor quiso ser cauto y no tocó algo que todavía está en veremos.
El 35-19 dejó como recuerdo fatal la realidad del nicaragüense pobre: que a 35 años de revolución, los pobres de Nicaragua se quedaron sin frijoles. Verdadera calamidad para un pueblo que no puede acceder al consumo diario de la carne y cuya fuente principal de proteínas son los frijoles rojos. ¡Trágico, verdaderamente trágico!
Imposible terminar este artículo sin hacer mención de lo que ya constituye una costumbre en este país cuyo gobernante no conoce lo que es el respeto a sus ciudadanos. Me refiero al espacio de privacidad que todos los habitantes del mundo tienen derecho a tener en la intimidad de sus hogares frente al aparato de televisión. En Nicaragua no tenemos ese derecho y todos los que pagamos el servicio de cable tenemos que ver los shows partidarios de la familia presidencial de todos los 19 de julio. Y el pueblo nicaragüense calla ante semejante atropello. Por eso los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, porque callan ante el atropello. El autor es periodista.