Erick Ramírez
Ya aburre escuchar que la unidad de la oposición supone primero que los liberales se unan y luego el chingaste de partidos, que según ellos queda, se les una, como si ellos fueran los grandes salvadores de Nicaragua. Esto tiene estancada a la oposición, pues mientras ellos están como prima dona enseñándose el fustán a ver quién se traga a quién, el frentismo aumenta su escalada de control absoluto del país abanicándose con esos supuestos mastodontes políticos que juntos no suman ni el diez por ciento de aceptación política nacional.
Si Daniel Ortega está donde está atragantándose con las riquezas del país es porque los liberales en su momento no quisieron ir juntos a las elecciones, lo que solo condujo al triunfo rojinegro. Además, el pacto Alemán-Ortega sigue vigente como se evidenció en el nombramiento de los funcionarios públicos y Montealegre por varias razones es rehén del frentismo. Estar a estas horas haciendo muecas dándoselas de arrepentido y querer descubrir el agua helada es suponer que la gente es ingenua.
Seguir con ese gastado discurso de que la unidad empieza por ellos y si no, no hay nada, es ridículo. La oposición no tiene dueño y no necesita el sello de nadie: está ahí, el asunto es saberla construir, pero de allí a que los liberales sean la mamacita de Tarzán que la dirija, son otros cien pesos. La unidad de los liberales es en torno al botín que significa compartir el poder con el orteguismo, así sean migajas que este les arroje. Es una unidad con base en sus conveniencias, donde la oposición honesta no tiene ningún pito que tocar salvo que vaya a “velar” por algún huesito.
Si la unidad de la oposición está atada a la unidad de los liberales, estamos fritos, porque los zares del liberalismo ven al resto de partidos con ojos menesterosos como si fuera un pariente pobre o un enfermo terminal. Esto significa que vamos al 2016 con la candidatura súper ilegal de Daniel y los rojos (con o sin mancha) pululando a su alrededor con candidatos sin chance, pero con listas de candidatos a diputados resultado de “sacar manteca” entre ellos mismos.
Por eso hay que sepultar el mito de que los liberales encabecen la oposición y que sin ellos no se puede enfrentar al Frente. El Gobierno tiene la llavecita de la personería jurídica, una trampa cazabobos que el frentismo utiliza para fabricar una oposición de zacate que les haga el juego a la hora de las elecciones y para colmo, un Consejo Supremo Electoral (CSE) desprestigiado con magos de la maldad capaces de trazar una ruta del Canal que atraviese el país de Norte a Sur.
La clave para cambiar este escenario es la implantación de un nuevo sistema electoral con la ayuda de la comunidad internacional que sea creíble, certificable y que garantice la pureza de las elecciones, con un nuevo CSE integrado por ciudadanos de reconocida probidad política. Esta debería ser una cruzada nacional que lleven a cabo todos los partidos y buscar un candidato honesto capaz de derrotar al frentismo. Seguir con la cantinela liberal de “primero nosotros y después el resto”, es absurdo y políticamente inviable. Son por lo demás cantos rojos de sirena. El autor es dirigente histórico socialcristiano.