Ernesto J. Bendaña
Trabajar de forma asociada con otras empresas similares de su sector productivo es una estrategia necesaria y eficaz para ser competitivo en un mundo que cada día se vuelve más complejo y donde el mercado marcha a un ritmo intenso. Muchas empresas grandes se fusionan, se agrupan para ofertar bienes, productos y servicios. Obras de gran envergadura como carreteras, puentes, edificios y plantaciones no son realizadas por una sola empresa, se realizan mediante la creación de consorcios, sociedades o alianzas estratégicas, que les permiten minimizar costos, juntar recursos y realizar un trabajo de mayor calidad donde cada quien desarrolla su especialidad y trabaja bajo una visión estratégica común.
En Nicaragua la asociatividad empresarial está en un proceso de comprenderse de forma plena, una buena parte de los grupos asociativos existentes carecen de fuerza organizativa, visión, estrategia y en innumerables casos existe un divorcio entre la estructura de dirección y la base de estos grupos asociativos empresariales.
Con frecuencia hablamos de redes, grupos solidarios, cooperativas, uniones, centrales, federaciones que agrupan a centenares y miles de asociados. Sin embargo su fuerza y presencia en el mercado no corresponde con la cantidad de miembros que posee. ¿Por qué se presenta esta situación? ¿Por qué la productividad de las pymes es insuficiente? ¿Qué causa la disolución de formas asociativas o su débil funcionamiento?
—Hemos descuidado un principio básico de la correcta selección de las personas que quieren asociarse y muchas veces lo hemos ligado a proyectos temporales o a beneficios que recibirán. Entonces los productores individuales se organizan y luego de obtener beneficios se separan de nuevo.
—La generación de relaciones de confianza es un elemento clave para que empresarios individuales se organicen de forma asociativa. La confianza no se construye de la noche a la mañana y es un bien tan preciado para la actividad empresarial que es muy costoso crearla y muy fácil deteriorarla con comportamientos errados.
—Por la prisa en la organización de cualquier forma asociativa, cometemos el error de agrupar a los empresarios sin importar el tamaño, sector productivo al que pertenecen o peso económico que tienen, esta situación genera asimetrías que frenan el desarrollo y no permite que actores de tamaños similares desarrollen estrategias comunes.
—La dispersión geográfica es otro elemento a tomar en cuenta y se peca en la organización de productores de lugares distantes que no les permite verse, interactuar, planificar y realizar acciones comunes.
—Se apresura la constitución y legalización de la forma asociativa y se prioriza antes de crear relaciones, realizar acciones pilotos y comprobar si el grupo en formación va a ser compatible o tiene identificados sus principales retos.
—Ha sido insuficiente el desarrollo de capacidades en los integrantes de estas organizaciones, la formación de relevos no es constante y se descuidan los conocimientos empresariales para analizar el mercado, identificar los costos, mejorar sus estrategias de producción, la planificación, el monitoreo y el seguimiento.
El trabajo de promoción de la asociatividad está en manos de gremios, asociaciones, instituciones y organismos especializados. Los promotores de estos procesos deberán preparase en lo empresarial y técnico para establecer nexos con los empresarios y llevarlos a asumir la estrategia asociativa, como un mecanismo de cooperación efectivo entre empresas pequeñas y medianas, las cuales se vinculan para la ejecución de acciones en común, que les permitan alcanzar objetivos y metas que solas no podrán realizar. El autor es consultor en desarrollo y organización productiva