Gracias a Dios y a la Santísima Virgen María, al fin tendremos un Canal. Obviamente también gracias al poder compartido Ortega-Murillo, reencarnación en Nicaragua de María y José, pues estos trajeron al mundo a nuestro Mesías, y ellos nos traerán un Canal cuya construcción acabará con todos los males nacionales, incluyendo los problemas prostáticos y hemorroidales.
Con estos anuncios ya no necesitamos ir al cine, ya que tenemos a un supermán criollo, “el supermán del Gran Canal”, así como Gadafi fue “el hombre del río” con un proyecto que pretendía hacer un río que cruzara el desierto en Libia.
Gracias también a esta monumental obra se acabará la pobreza, el hambre y el desempleo en nuestra patria, sin tener que tocar los millonarios recursos financieros —ya privatizados— del excedente de la factura petrolera, que crearon unos veinte nuevos millonarios amamantados por la nomenclatura ortegamurillo, de manera muy similar al “modelo” de comunismo de mercado implantado en la China continental, muy cerca de donde viene el chinito maravilloso, el nuevo fantasma que recorre el mundo, no del comunismo sino del capitalismo más salvaje. Además con esta maniobra ya se nos olvidaron todas las promesas incumplidas de Hugo Chávez y el “socialismo del siglo XXI” y el cuento de que “la soberanía no se discute, se defiende con las armas en la mano” devino en un verdadero cuento chino.
Otro beneficio colateral, además de resolver los problemas prostáticos y hemorroidales del pueblo sufrido, es que ya se nos olvidó que los tamales se volvieron ricos de la noche a la mañana sin trabajar. Que liquidaron el valor del voto ciudadano y del sufragio universal. Que las mansiones construidas con el sudor y la sangre del pueblo nicaragüense pasan al olvido, ya que ahora el rey Midas todo lo convertirá en oro gracias a ese “Gran Canal” por donde se van yendo las demandas nacionales de libertad, democracia con elecciones libres y justicia no partidarizada.
Otro “beneficio” nítido, es que con esto se acaban las elecciones limpias y competitivas, pues ya Nicaragua no las necesita, ya que el binomio presidencial superó la contradicción irresistible entre democracia o desarrollo, quedándonos con el desarrollo sin democracia gracias al “Gran Canal”.
Por ese “Gran Canal” se desangra la patria.
Ya los que han amasado sus fortunas producto del latrocinio pueden dormir en paz: el “Gran Canal” se convirtió en la más hermosa de las lavanderías de los recursos mal habidos, pues el pueblo nicaragüense ha ingresado al mundo de los sueños de opio, y todo gracias al chinito. Además este es un pueblo desmemoriado y un pueblo desmemoriado no dará el salto hacia la ciudadanía civil, civilista y civilizada.
Me sospecho que este chinito de oro es testaferro de la nomenclatura de bambú del partido de los herederos de Mao Tsedong, y que más temprano que tarde el gobierno del matrimonio en el poder restablecerá relaciones diplomáticas y de todo tipo con Beijing, dándoles unas palmaditas y las gracias a los generosos representantes de la República de China Taiwán; extremadamente generosos con gobiernos que han querido convertir en “caja chica” su aspiración a ser parte de la comunidad de las Naciones Unidas del planeta.
¡Muerte al imperialismo chino! El autor es diputado del PLI ante el Parlamento Centroamericano.
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