Festival de la música

El mundo celebró la fiesta de la música 2014. Hay una que ofrece la limitación de un período. Pero hay otra que tiene el vencimiento de la perpetuidad. Su acto de clausura está programado para el día en que el planeta pierda los oídos.

Joaquín Absalón Pastora

El mundo celebró la fiesta de la música 2014. Hay una que ofrece la limitación de un período. Pero hay otra que tiene el vencimiento de la perpetuidad. Su acto de clausura está programado para el día en que el planeta pierda los oídos.

Más de cien países con un final destinado para el 28 de junio, hicieron todo lo posible para darle cobertura a todos los géneros, lo cual no sería nunca posible en su inmensidad, en tiempo desde que el “homio sapiens” tuvo la capacidad de imitar los sonidos, hasta los nuestros. Tanta diversidad de talantes característicos.

La promoción abarca a los múltiples estilos con el afán de tallar en la medida de todas las predilecciones, viajando desde la lenta velocidad, congruente con el sereno y contemplativo adagio hasta: el prestísimo veloz y dinámico.

La aceleración data desde 1985 con motivo del año europeo de la música. La raíz se introdujo tanto en el fondo del alma que se salió del límite continental para expandirse mucho más allá del círculo de los clásicos en un largo abrazo generacional. Ser efemérides con homogeneidad festiva en todo el mundo.

Nicaragua se unió al evento con diversas actividades artísticas y culturales que concluyeron precisamente el 28 de junio en la Alianza Francesa con la participación encomiable y valiosa de jóvenes aspirantes a ser las primeras figuras del futuro. La propuesta irradia porvenir y siembra su semilla desde junio de 1982 en Francia. Desde la lectura de los signos en la tabla cromática hasta realizar el portento de convertirlos en sonido.

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