Juan Vega Gonzales (*)
Ingratitud es la falta de reconocimiento, aprecio o agradecimiento por los favores/apoyos recibidos.
Como bien decía Miguel de Cervantes: “Hacer bien a villanos es echar agua al mar. La ingratitud es hija de la soberbia”.
¿Por qué es tan frecuente encontrar situaciones de ingratitud a nivel empresarial y familiar?
La naturaleza humana generalmente se mueve por el deseo de ganar y/o por el temor de perder algo valioso.
Estamos llenos de deseos, los cuales, una vez satisfechos, siguen generando nuevos deseos y permanecemos así en un estado constante de insatisfacción y olvido del apoyo recibido. A lo largo de la historia podemos encontrar varias reflexiones famosas que tienen que ver con la ingratitud y que aplican al análisis empresari
al y familiar. A nivel empresarial, habiendo logrado las cosas deseadas y sin ningún vínculo de deseo/pasión de ganar algo ni temor de perderlo; es fácil/natural para el beneficiario olvidar los favores recibidos y embarcarse en la búsqueda de un nuevo objeto del deseo/beneficio.
Para Nicolás Maquiavelo “los hombres son ingratos, frívolos, mentirosos, cobardes y codiciosos; mientras uno los trate bien lo apoyan… Pero cuando uno está en peligro se vuelven contra él”.
Como bien lo dijo Luis XV rey de Francia: “Cada vez que proveo una plaza vacante, creo cien descontentos y un ingrato”.
A nivel familiar por ejemplo, es natural que los hijos abandonen el nido; aunque a veces sorprende la rapidez con la que se puede olvidar el apoyo recibido de los padres. En palabras de William Shakespeare “tener un hijo (a) ingrato (a) es más doloroso que la mordida de una serpiente”.
Para resolver el desagradable sentimiento que genera la ingratitud podría aplicar consejos de Albert Einstein que reza que la única forma de no ser infeliz es no esperar nada de nadie y de Buda que decía que “la única forma de liberarse del sufrimiento es distanciarse de los deseos que provienen del ego”.
El camino de la liberación está en:
a) La comprensión correcta de que todo tiene su origen en la mente (distanciarse de pensamientos dañinos y fomentar los virtuosos).
b) La conducta y el lenguaje correctos (hacer el bien y evitar hacer daño a otros o dañarnos a nosotros mismos).
Haz el bien, aléjate del mal, no esperes nada a cambio y nunca muerdas la mano que te da/dio de comer.
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