Apesar del permanente optimismo oficialista frente al crecimiento de la deuda pública de Nicaragua, el gobierno sigue contando con las dádivas internacionales en forma de condonaciones de deuda para poder mantener una apariencia de sostenibilidad, al menos hasta que aparezca la siguiente limosna extranjera. Esto —y las figuras estadísticas maquilladas— le permiten al presidente inconstitucional Daniel Ortega continuar engañando al pueblo, mientras sigue comprometiendo el futuro financiero de la nación.
La deuda externa pública en el 2013 aumentó considerablemente, a más de 4,500 millones de dólares. Nicaragua continúa contrayendo deudas para amortizar o pagar intereses de deudas anteriores mientras parte de estos recursos se derrochan, comprometiendo el desarrollo económico y produciendo un efecto de exclusión del sector privado, al que se le impone una mayor carga fiscal para cubrir los déficits.
La deuda externa privada anda por niveles similares. Aquí el riesgo atiende a excesos de endeudamiento de las empresas y la posibilidad de la multiplicación de pérdidas durante períodos de recesión económica. Estas condiciones tienden a agravar los niveles de desempleo y subempleo. La deuda es importante y tóxica a la vez.
Como todo, los niveles de endeudamiento tienen un punto crítico. Las empresas generalmente encuentran que entre mayor deuda contraen, más crecen los requerimientos de pagos en concepto de intereses; y entre más altos estos cargos, mayor es la probabilidad de que las ganancias de las empresas no sean suficientes para satisfacer dichos cargos. Como dice el proverbio: “El interés en las deudas crece sin lluvias”.
En estas condiciones, la disponibilidad de fondos para las empresas tiende a decrecer. Ambos factores presentan dificultades que usualmente llevan a las empresas a la quiebra.
En una economía tan polarizada e inestable como la nuestra, las desventajas para la pequeña empresa son considerables. Dado que el capital está tan altamente concentrado, el nivel de riesgo percibido por los acreedores es mucho mayor cuando se considera la capacidad de restitución de las deudas de parte de las pequeñas empresas. Esto deja a dichas empresas solo con acceso a financiamiento caro y con pocas posibilidades de permanecer en el mercado.
A pesar de la reducida disponibilidad, Nicaragua es también una sociedad endeudada a nivel personal. En gran parte a través de un sistema crediticio informal y oneroso.
En un país con una población laboral altamente subempleada es difícil pensar en planificación personal, estabilidad o independencia financiera.
Muy pocos nicaragüenses pueden mejorar su patrimonio por medio de reducción de deudas o mejoramiento de ingresos ya que el estancamiento económico en muchos sectores es difícilmente superable.
La gran mayoría no tiene la capacidad de reducir gastos, ya que estos se concentran en bienes de subsistencia. Pocos tienen la capacidad de mejorar sus ingresos por medio de la capacitación educacional, ya que la disponibilidad de trabajos es muy limitada.
Pocos tienen capacidad de ahorro para enfrentar situaciones inesperadas. Cuando estas suceden, solo vemos acentuarse los niveles de pobreza y el sufrimiento humano.
La alta concentración de capital, la corrupción, los altos niveles de endeudamiento en general y las pocas oportunidades de la pequeña empresa es una prescripción para acrecentar la polarización, aproximar el caos económico y la total destrucción de la democracia.
Decía Louis Brandeis: “Podemos tener democracia en este país o podemos tener gran riqueza concentrada en las manos de algunos, pero no podemos tener ambas”.
Paradójicamente, todo lo que sobresale en este reino del endeudamiento es la abundante escasez.
El autor es economista y escritor
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