CARACAS / AP
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que ya ha tenido que lidiar con las protestas callejeras lideradas por la derecha, ahora enfrenta una nueva amenaza desde un bando inesperado: los izquierdistas de la vieja guardia que lo acusan de traicionar el legado socialista de su predecesor, que lo catapultó al poder.
Maduro fue designado por Hugo Chávez como su sucesor en la presidencia, y él no ha tenido recato alguno en invocar el nombre del difunto líder cada que puede, pero los socialistas más ortodoxos se han quejado acerca de su política monetaria de corte liberal, que creen contrarias a la revolución.
Las tensiones llegaron a un punto culminante la semana pasada cuando Maduro despidió a al Ministro de Planificación de Venezuela, Jorge Giordani, un economista de corte marxista que por su estilo de vida y su doctrina anticapitalista le han hecho merecedor del apodo de «El Monje».
Su retiro forzoso y jubilación no se ha hecho en el silencio al que algunos monjes están acostumbrados.
En un extenso folleto publicado en varios sitios de la Web, Giordani acusó a Maduro de deshacer el legado de Chávez y de no poder controlar su gestión, insinuando que su gobierno ha sido corrupto e incompetente.