Las mujeres siguen sufriendo violencia de género pese a la creciente conciencia social acerca del problema, la voluntad expresada por autoridades de gobierno y acciones conjuntas realizadas de manera sistemática por organizaciones de la sociedad civil que luchan para erradicar este problema.
El desafío no ha resultado fácil, en nuestro país pese a la nueva legislación vigente el femicidio, máxima expresión de violencia hacia la mujer, ha venido aumentando de manera alarmante, a la fecha ya se registran cuarenta y tres mujeres muertas y no es posible continuar pasivos ante tal comportamiento.
No basta demandar al Estado que cumpla la responsabilidad de hacer valer los derechos de las mujeres con la aplicación de las leyes de manera firme y oportuna, no es permisible justificar los abusos y violencia cometida contra las mujeres por la cultura machista y patriarcal en la que nos hemos desarrollado, es intolerable ignorar y callar actitudes y comportamientos violentos en todos los ámbitos, especialmente en nuestros propios hogares que alimentan precisamente dicha “cultura”.
Tampoco es posible dejar de opinar sobre programas de televisión que, en lugar de contribuir de manera constructiva a la erradicación de todo tipo de violencia contra la mujer en nuestro país, promueven de forma directa o indirecta el machismo y la violencia sexual hacia la mujer, al mostrar sin ningún aviso instructivo previo, el maltrato a las mujeres por parte de hombres “pudientes” y “honorables” que ven a las mismas como simples objetos para el placer sexual y decoración doméstica y social, comportamientos que no abonan al cambio social que buscamos.
Tenemos que reflexionar cuan constructivos están siendo estos mensajes para nuestra juventud, familias y sociedad, no para asumir actitudes ligadas a la mojigatería, sino simplemente por el peligro que estas influencias representan para afianzar en la mente de personas, modelos de pensamientos que contrarrestan cualquier acción para el respeto a la dignidad, integridad y vida de las mujeres.
Los nicaragüenses deberíamos proponernos por salud y bienestar, la eliminación de la violencia contra las mujeres con el mismo espíritu que hemos erradicado otras enfermedades. Ello requiere una movilización nacional de todos y todas, basada en la visión que en nuestro país no debe haber más, una sola muerte de mujer por razones de género. Una lucha de una sociedad comprometida con la vida de las mujeres y con la familia, que a la postre carga con las terribles secuelas de la violencia.
Tenemos que facilitar el desmontaje de viejos modelos de pensamiento, velar por el cumplimiento efectivo de las leyes vigentes y de la educación integral en sexualidad en los colegios públicos y privados, ayudar a las víctima de violencia al autorreconocimiento como primer obstáculo a vencer para enfrentarla, inculcar en nuestros niños, adolescentes y jóvenes valores que contribuyan a la construcción de nuevas relaciones de género, justas, equitativas, respetuosas con la vida.
Las generaciones futuras tienen el derecho a crecer en un mundo de paz, sin violencia, lo que se traducirá, a largo plazo, en salud y bienestar para todas y todos. Se trata de una realidad social que está en nuestras manos, que requiere el esfuerzos en todos los niveles y en varios campos de acción para que juntos logremos poner fin al conteo de más víctimas por razones de violencia de género. La autora es responsable de Salud Sexual Reproductiva de Profamilia.
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