Max L. Lacayo

Pobreza, pensamiento y libertad

En Nicaragua no solamente se fabrican muy pocos artículos, sino que la capacidad de crear algo más que ron, azúcar, productos lácteos, cárnicos y algunos otros rubros es ínfima. En efecto, nuestra industria es la más embrionaria de la región. Esta situación es agravada por la complicada tramitología; una multiplicidad de permisos que deben gestionarse por sobre los demás obstáculos y estrategias que contribuyen a mantener a la fuerza laboral distraída y sometida.

Nuestra mano de obra se encuentra, generalmente, reducida a trabajos de prestigio mínimo, de limitada productividad y remuneración; relegada —en gran parte— al sector agropecuario donde las condiciones son precarias y la tecnificación del trabajador es mínima. El sector servicio, por su parte, absorbe otro tanto de la fuerza laboral en condiciones frustrantes, ya que atrapa a los operarios en niveles inferiores a su propia capacidad y en un área informal con posibilidades de avance casi inexistentes.

El sector industrial manufacturero requiere de poca tecnología y —relativamente— absorbe mano de obra de manera escasa y barata. En gran parte se limita al simple ensamblaje en zonas francas. Estas industrias alcanzan enlaces superficiales con el resto de la economía y no logran fomentar la producción de bienes intermedios en este país, ni la propagación de otras actividades económicas o de efectos relacionados a la capacitación, tecnología y productividad.

Paradójicamente, esto le permite al gobierno del inconstitucional presidente Daniel Ortega dispensar con gotero favores y concesiones. Un pequeño ajuste de los salarios mínimos, por aquí; un otorgamiento especial a la empresa privada, por allá. Pero siempre Ortega a flote, derivando beneficios, sobresaliendo como el dueño de las voluntades, realidades y aspiraciones de todos los nicaragüenses.

Ante estos problemas estructurales de nuestra economía, el abismo entre el sistema educativo y el mercado laboral, la falta de inversión y la iniquidad de las acciones y políticas públicas; los trabajadores van quedando atrás, empobrecidos, subempleados, con pocas opciones. De ahí la necesidad de emigrar.

Irónicamente, estas insufribles, muchas veces denigrantes migraciones de trabajadores es de gran beneficio económico y político para Daniel Ortega ya que las remesas —usualmente en dólares— enviadas por los emigrantes a sus familiares constituyen una sólida fuente de divisas, sin las cuales la balanza de pago se vería seriamente afectada. Estas remesas, pues, son una defensa contra la devaluación de la moneda y proveen capacidad de consumo a muchos nicaragüenses, lo que genera cierta actividad económica. De esta manera la pobreza beneficia al poder.

La familia Ortega y sus asociados más cercanos encuentran conveniente timonear a Nicaragua como una pequeña finca; especialmente cuando el dictador cuenta con su guardia pretoriana vestida de Policía y Ejército nacional. Cuando posee una Asamblea, un poder judicial, un burlesco teatro electoral y es favorecido por un generoso cuerpo diplomático que con marcada frecuencia se le aproxima portando regalos.

Ortega sabe que estamos distraídos, tratando de disipar el dolor; trazando planes migratorios, escarbando hondo en la imaginación con la esperanza de encontrar mejores y más dignos trabajos en Nicaragua y así sacar a nuestras familias de los profundos, oscuros abismos de la pobreza.

Pero como decía Kant: “En las tinieblas la imaginación trabaja más activamente que en plena luz”. Y como lo relata nuestra historia, entre más sombría es nuestra realidad, más rápida y efectivamente nuestros pensamientos nos conducen a la acción; a la búsqueda de la manera más segura y efectiva de deshacernos de cadenas, pobrezas y a alcanzar la libertad. El autor es economista y escritor.

COMENTARIOS

  1. Arles Rizo Rodriguez
    Hace 12 años

    Nicaragua volvio a los anos 80s donde el pais quedo estancado y sobreviviendo del esqueleto económico provocado por la mala administración del Orteguismo , seguimos viviendo rudimentariamente xq el gobierno no le conviene desde ningun punto de vista permitir un mejor desarrollo tecnológico de la fuerza laboral ni es capaz de dar mayor soltura a la inversion privada independiente y que ésta surja por encima de los mezquinos intereses de la poderosa familia y su incondicionales.

  2. Roger Mejía López
    Hace 12 años

    Poco a poco los países industrializados y poderosos irán sucumbiendo en sus ciudades envenenadas, cubiertos de gloria por su tecnología cada día más asombrosa, pero se van a dar cuenta quizás muy tarde que las máquinas no producen comida y por más que conozcamos la fórmula del agua y sepamos que 2 moléculas de hidrógeno y 1 de oxigeno conforman el agua, nunca podrán fabricarla uniendo estos 2 elementos. Todo está escrito en la Biblia, aunque quienes se consideran genios no lo acepte

  3. Rover
    Hace 12 años

    Hasta cierto punto los mismos habitantes hemos contribuido a que existan gobernantes de esta índole. En las urnas cada cuatro años tenemos el poder en nuestras manos como es el derecho al voto, porque no se utiliza con inteligencia? Siempre y cuando los gobernantes respeten la voluntad del pueblo.

  4. carlos
    Hace 12 años

    en Nicaragua sin pata o palanca se puede llavar en este momento entre 6 y 9 años abrir un negocio como fabrica de productos.

  5. cesar
    Hace 12 años

    Denle duro a los especuladores de frijol que juegan con el pobre. 

  6. Roger Teran
    Hace 12 años

    Max, que buen escritor y analista de situaciones eres, te felicito.

  7. monina
    Hace 12 años

    ojala que nuestra imaginacion nica actue mas temprano que tarde, es que da verguenza como ortega tiene el pais, es una porqueria de economia, pesima infraestuctura y malisima educacion para los ninos que pagaran muy caro cuando sean grande, tenemos que despertar como pueblo unido y luchar contra la ignorancia en que ortega nos queire mantener para seguir explotando al pais de nicaragua, ortega deberia de estar preso por estar desbaratando el pais, es un crimen lo que esta haciendo!

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