Diez años para importante fecha

El calendario nos recuerda episodios históricos de obligada celebración. Uno de ellos es el trascendental hecho de la fundación de León, acaecido el 19 de junio de 1524. Estamos a diez años para conmemorar los quinientos años del hecho histórico, en cuya celebración deben converger las fuerzas vivas de toda Nicaragua, para darle la importancia que tiene. No podemos perder de vista nuestros orígenes, siempre gloriosos, aunque a algunos les parezca lo contrario.

Hoy volvemos los ojos al pasado para revivir el rito fundacional, que unos hombres, venidos de lejos, buscando la gloria, realizaron en presencia de asombrados indígenas. Era la mañana del 19 de junio de 1524, aquel año, fiesta de la Santísima Trinidad, día de esplendoroso sol, cuando en la llanura, Hernández de Córdoba echaba los cimientos de esta nueva provincia hispánica.

Allí, en campo abierto, se había levantado una cruz y junto a ella flameaba el pendón de Castilla; aquellos hombres, cabeza descubierta, espada en el suelo, puestos de rodillas, en sublime gesto, levantaron las manos y mirando la cruz, rezaron el Padre Nuestro. Era la primera página que, junto a las márgenes del Xolotlán y bajo la mirada severa del Momotombo, se escribía. Nicaragua acababa de ver la luz. Era el inicio de una historia, de la que somos parte, hecha de dolor pero también de gloria.

La muerte de Hernández de Córdoba, fundador de la ciudad, de insumisos indígenas y la del tercer obispo de la ciudad, monseñor Antonio de Valdivieso, hicieron creer a sus moradores que los fenómenos telúricos que los afligían, eran señal evidente de castigo divino, por tanta sangre derramada. La angustia se apoderó de ellos.

El pueblo, en cabildo abierto, decidió abandonar la ciudad, buscando seguridad en apartados parajes. El 16 de enero de 1610 el pueblo acampó en los linderos de la comunidad indígena de Sutiaba. Allí se asentó la ciudad con los regios privilegios que los monarcas le habían otorgado. Primera ciudad hispana en tierras nicaragüenses, llamada a ser la capital de la nueva provincia, sede del primer obispado, cuna de la primera universidad y, con la independencia, primera capital de la nueva república. Dos hechos históricos que deben permanecer vivos en la memoria de los leoneses.

Hoy bajo los techos de la primitiva catedral, nuestro obispo, monseñor Bosco Vivas Robelo, presidirá la eucaristía, conmemorando un año más de la histórica fundación. Allí, como en años anteriores, vibrará el entusiasmo juvenil, que tratará de pender en todos los ámbitos preparando el quinto centenario.

Desde hace años en el mes de enero, cientos de jóvenes en una peregrinación, marcada por la fe y la penitencia, recorren los 33 kilómetros, que separan el lugar del inicio hasta la plaza San Sebastián donde acamparon los que hace 490 se vieron obligados al éxodo. La alegría, animada por la fe, con un notorio cansancio, es el mensaje que estos jóvenes van dejando a lo largo del trayecto.

Hoy, estos jóvenes nos están dando la clarinada para que Nicaragua, desde ahora, se prepare para conmemorar la fundación de León con el esplendor que quinientos años de historia exigen. El autor es hermano de las escuelas cristianas.


Opinión aniversario León archivo
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