El llamado “rey del reguetón”, Daddy Yankee, reivindica que, después de treinta años de existencia, el género no es “una moda pasajera” y que “lo que es vulgar para unos no lo es para otros”.
Aferrado al relativismo moral de que todo depende del oído del que escucha, opina que “todavía existen prejuicios” contra el reguetón y recuerda cómo en los primeros días “si la policía te agarraba con un casete de reguetón, te metían a la cárcel”.
“Ahí están los números”, subraya este puertorriqueño con más de 11 millones de discos vendidos, autor del superventas Barrio fino (2004) y uno de los más claros responsables de la eclosión internacional de un estilo derivado del reggae y el rap a través del filtro caribeño.
“Establecimos un movimiento a nivel mundial, no solo para mi género, sino para toda la música, porque cambiamos el negocio”, presume Ramón Luis Ayala (San Juan, 1977), el susodicho Daddy Yankee, un tipo que comenzó vendiendo cintas de casete en la calle y que triunfó a la sombra de las multinacionales.
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