Este 22 de junio se cumple un año del ataque de unos sesenta miembros de las turbas orteguistas, cubiertos con pasamontañas y camisetas enrolladas en el rostro, que armados de garrotes y tubos de hierro descendieron de tres camiones de la Alcaldía de Managua, a las 4:00 de la madrugada del viernes, para vapulear a los jóvenes que acompañaban a los ancianos en un plantón, en las cercanías de la Plaza del Intercontinental, en demanda de su pensión reducida (a la que la ley del Seguro Social de los años ochenta les otorga derecho).
Mientras se ejecutaba el ataque de los comandos pandilleros, unas cincuenta motocicletas, cuyos pilotos y copilotos cargaban armas cortas en la cintura, trazaban un cerco táctico de diez cuadras de diámetro alrededor del INSS, para asegurarse que los jóvenes vapuleados y desprovistos de todos sus bienes y documentos de identificación, abandonasen el perímetro en desbandada, sin capacidad de contraataque. Entre otros artículos personales, los orteguistas robaron a los jóvenes, solidarios con la protesta, siete vehículos que habían dejado aparcados en el campamento de los ancianos.
Altos funcionarios orteguistas, reunidos horas antes del ataque, a quienes Ortega les confió la responsabilidad de reprimir la protesta de los ancianos, formularon la siguiente operación táctica.
Primero, dividir a la Unidad Nacional del Adulto Mayor (UNAM). Prepararon el reconocimiento oficial a una junta directiva orteguista (la que, en adelante, sería el intermediario para que los ancianos recibieran el bono solidario). Segundo, convocar para el lunes 25 de junio una manifestación de varios miles de empleados públicos, que presidiría Ortega, ofreciéndole la tarima a esa nueva junta directiva de los ancianos, que públicamente reconocería que el INSS no contaba con fondos para otorgar la pensión reducida. Tercero, previo a la manifestación, debían cortar el vínculo entre la sociedad y los ancianos. Ello significaba garrotear a los jóvenes que, por medio de las redes sociales, convocaban las manifestaciones de apoyo a la lucha de los ancianos. Cuarto, inmediatamente después del ataque pandillero, entrarían al campamento 300 miembros de las turbas del Poder Ciudadano, que corearían la consigna de “pensión reducida”, con la finalidad de persuadir a los ancianos que el Gobierno estaba con ellos, y que sectores de la derecha deseaban llevar la demanda justa por la pensión reducida hacia una confrontación política con el Gobierno.
Este plan contradictorio, trazado con una mentalidad burocrática, no tomaba en cuenta que los 16 mil ancianos organizados, que estaban detrás de la protesta, tenían plena conciencia de la oposición orteguista a su reclamo. Por lo que habían radicalizado conscientemente sus formas de lucha, después de décadas de reclamos infructuosos. Pero, tampoco, los artífices de la represión valoraban que convertirían a la Policía en cómplice evidente del ataque delincuencial de las bandas paramilitares orteguistas.
La Policía, efectivamente, colaboró con el ataque de las bandas orteguistas; cubrió el robo de los vehículos que, con su venía, pasaron entre sus filas hacia los patios del INSS, donde por medio de grúas fueron montados en camiones con rumbo hasta ahora desconocido.
La Policía perdió su identidad profesional frente a la nación (como órgano independiente, sometido a las leyes de la República). El Estado, así, adquiría un contenido dictatorial, con un cuerpo policial pretoriano, que obedece planes represivos partidarios.
La junta directiva original de la UNAM, para evitar su sustitución, subió a la tarima orteguista durante la manifestación del 25 de junio, en un acuerdo impúdico con los dirigentes de la represión.
La conciencia de los ancianos había ido demasiado lejos. Sus condiciones precarias de vida, y el apoyo entusiasta y unánime de la población a sus demandas, auguraban que la lucha de los ancianos continuaría, dejando en evidencia la demagogia de Ortega.
En previsión de ello, Ortega prefirió abrazar su derrota, presentándola, paradójicamente, como si la conquista de los ancianos fuese un objetivo orteguista. Así, el 19 de julio, firma la pensión reducida (aunque previamente argumentó que era imposible para el INSS).
Ortega agrava la sostenibilidad del INSS, y deja al descubierto a la Policía, sin ningún provecho táctico. Sin embargo, cubre su derrota bajo una demagogia contradictoria, gracias a su falta de principios ideológicos. El autor es Ingeniero eléctrico
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