Auxiliadora Martinez
Para Sonia Espinoza Raudez no fue fácil llegar hasta donde está. Es la presidenta de la cooperativa de servicios agropecuarios El Congo, ubicada en el municipio de Boaco y al igual que ella, otras mujeres del departamento se han destacado en actividades productivas, lácteos, miel y transporte.
Estudió educación física, fue promotora de deportes por seis años y luego decidió salir a los Estados Unidos, en busca de nuevos horizontes. Ahí vivió 20 años, se casó y tuvo a sus hijos, cuando crecieron e iniciaron sus estudios universitarios, decidió regresar al país.
Dijo que es un logro que las mujeres “estemos organizadas en cooperativas como una forma de salir adelante en beneficio de nuestras familias, el desarrollo de la cooperativa y la comunidad, las mujeres estamos conscientes y claras de nuestros derechos y valores”, resaltó.
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Tiene seis años de dedicarse de lleno a la finca de 150 manzanas que compró en la comarca El Tabacal, Boaco, y fue así que empezó a participar en las reuniones de la cooperativa, a través de la venta de tres pichingas de leche diarias.
En julio del 2013, empezó a dirigir la cooperativa El Congo. “No ha sido fácil el esfuerzo propio, de la directiva y de todos los socios, somos un total de 60 socios y 15 en proceso de afiliación, de los cuales 17 somos mujeres, allí vamos poquito a poco, y no pensamos echarnos para atrás, solo para tomar impulso”, expresó.
Con apoyo del Ministerio de Economía Familiar lograron obtener un centro de acopio, con dos tanques de enfriamiento, donde se almacenan diariamente 6 mil litros de leche, que se captan en tres rutas.
POR LOS BAJOS PRECIOS
Trinidad Auxiliadora Aráuz Sequeira fue la primera presidenta que la cooperativa El Congo tuvo cuando se formó el consejo de administración, la idea de organizarse surgió por los bajos precios de la leche en el 2006. “Teníamos que vender el ternero o la vaca para poder comprar las cosas, porque el único beneficiado era el intermediario, ellos nunca quiebran solo los que estamos vendiendo la leche”.
“Fue una lucha porque todos los días salía a las cuatro de la mañana, dejaba a mis hijos solos todo el día, pero no tuve ningún límite de mi tiempo, para finalmente ver los frutos. Tenemos el centro de acopio y le estamos vendiendo la leche a una empresa acopiadora de lácteos, luchando contra viento y marea”, dijo.
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