LA PRENSA/ J . TORRES

“Libre cuando escribo”

Lourdes Chamorro César, poeta y narradora, describe su vida artística, su infancia, la influencia de las monjas de su colegio para acercase al teatro y de sus nuevos proyectos.

Lourdes Chamorro César se deja llevar por una poesía íntima, certera, irónica y a veces nostálgica. Con mis pies descalzos es su primer libro de poesía, publicado en el 2013, que evoca según Max L. Lacayo: “Valores, con sentimientos y vivencias tangibles e identificables. En su poesía hay una gran compenetración entre las aspiraciones y la realidad que el lector logra hacer propia”.

Chamorro hace un paréntesis para confesar cómo llegó a la escritura y cómo el teatro (su obra El palo de mamón) le permitió elaborar su propio cosmos de la familia, la religión y la felicidad.

Nació en Granada y hoy evoca esa ciudad donde pasó “la infancia, el mejor momento de mi vida”, su acercamiento a la dramaturgia, a la poesía y a la narrativa que espera sacar a luz muy pronto.

¿Cómo se acerca a la escritura?

Cuando mi madre muere yo tengo 9 años, me llevan internada al Colegio María Auxiliadora en Granada, así se inicia mi relación con las monjas que llevaban a los pequeños escenarios del colegio breves obras de teatro de tres actos en las que participaba, era una maravilla ver aquellos telones que se abrían y cerraban.

Ese acercamiento se lo debo a que en mi casa no había televisión como ahora y yo tenía todo el tiempo para leer. Desde muy chiquita he sido una gran lectora, además era orientada por las monjas que me querían como a una hija, incluso son ellas las que me influencian y me enseñan el teatro, porque era la artista de esas obras, ya en un plan más formal desde los 12 años empecé a actuar.

¿En esa etapa de adolescente algún libro le marcó su vida?

Sí. La vida es un sueño, de Calderón de la Barca; Los miserables, de Víctor Hugo. Me impactó bastante, la primera vez que representé a los 15 años en el Colegio María Auxiliadora a María Estuardo, entonces supe lo que era meterse en un personaje. Sor Cristina, quien era la encargada de enseñarnos lo que era la poesía y el teatro, me dio un libro inmenso sobre la vida de María Estuardo y eso me ayudó muchísimo para crear mis propios personajes.

¿El palo de mamón considera que sigue vigente por su contenido social?

Sí, claro. En el caso del teatro es como una necesidad de volcarme. Cuando vivía en el extranjero tenía mucha nostalgia del país y esos recuerdos los fui reuniendo en la escritura, pensaba que quería dejar un libro para mis nietos, y así fue como tenía un archivo que lo fui enmarcando en una novelita de 60 páginas que se llamó El palo de mamón, de ahí encontré que era por la mancha del mamón como un símbolo del pecado original que todos traemos.

Viví en Bélgica y el escrito quedó ahí guardado. Tiempo después con doña Lila como primera dama en el gobierno de don Enrique Bolaños, y el recorte de sus fondos para sus programas sociales como el de las mujeres con cáncer y que no tenían fondos para las quimioterapias, entonces surgió la idea de recolectar dinero para esta causa y se llevó a escena El palo de mamón, lo pulí y lo convertí en una obra de teatro que fue muy celebrada en el Teatro Nacional Rubén Darío, con un escenario muy moderno influenciado por lo que había visto en Londres.

EL OFICIO

¿Por qué escribe? ¿Cuál es el misterio del oficio?

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Colores: “Si el negro lo es un color para vestir. Me gusta el azul, y para las casas el blanco”.

Sabores: “Todos, el salado, las pastas, los helados”.

Plantas: “Me gustan, no sé cuidarlas, no sé nada de jardinería, me encanta sembrar árboles”.

Animales: “Me gusta verlos, pero no cuidarlos, aunque mis hijos han llevado muchos animales a la casa, una vez una culebra”.

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Es una necesidad, es algo que tengo y lo quiero sacar. Lo hago diario y lo voy guardando porque casi siempre no me gusta lo que escribo. Al tiempo regreso a ese escrito, lo veo con otros ojos y me doy cuenta que me gusta, tal vez sea ese el misterio.

¿Cómo llega a combinar esa relación entre narrativa y poesía?

El teatro es imperante en mí. Si te das cuenta en mi poesía muchas veces me asaltan los diálogos y los personajes que se hacen preguntas y se contestan a la vez, y de la misma manera en mis obras de teatro hay mucha poesía, no me puedo desligar de esta relación que para mí es mágica, y es única.

¿Qué esta buscando cuando escribe poesía?

Primero desalojar de mi alma esa necesidad, me siento libre cuando escribo, aunque no me guste, y esa era la satisfacción que yo tenía cuando lo hacía para mí. Luego tuve la presión cuando publiqué, tuve que seleccionar más de tres mil poesías, unas cincuenta que reflejaran parte de mi vida, es como si te arrancás un pedacito de algo que después te lo devuelve el público.

¿La escritura para usted tiene efecto terapéutico?

Para mí sí. Es una terapia maravillosa, me llena mis vacíos. Imaginarme que puedo crear cosas, historias, y buscar esas palabras exactas sobre lo que uno está sintiendo es difícil y nunca quedo satisfecha para expresar esas emociones que dejo en el papel lo que siento.

¿En qué lecturas de escritoras se ha apoyado para crecer como autora y que sean ejemplo?

Alfonsina Storni, Sor Juana Inés de la Cruz, Santa Teresa, Juana de Ibarbourou. En Nicaragua María Esperanza Morales, Vidaluz Meneses; también la poesía de los hombres, conozco lo poesía de Ernesto Cardenal, Max Lacayo, Julio Valle-Castillo… muchos. Rubén Darío. Leo poesía es algo en lo que no fallo.

LA INFANCIA

¿Cómo vivió su infancia, algún recuerdo especial?

Fue muy alegre, tranquila, estable. Éramos siete chavalos, luego a mi prima Aída se le muere su madre y ya con ellos éramos diez en la casa de mi abuela (Angélica Chamorro de César). Desde que nací hasta los 9 años todo fue perfecto, vivía en un matriarcado, mi papá y mi mamá tenían una hacienda, La granadilla en Nandaime, a los pies de volcán Mombacho.

Mi ilusión más grande era terminar en febrero el colegio y nos íbamos los tres meses a la hacienda que de ahí salió la historia de El palo de mamón, montábamos a caballo, nos enseñaron a nadar en pilas de café, a las 4:00 de la mañana nos llegábamos al corral con un pocillo de pinolillo con azúcar a beber leche (nunca me gustó), pero sí la aventura, y me gustaba ver ordeñar. Mi abuela Angélica nos dio una infancia extraordinaria de mucho amor.

A los 9 años se me murió mi madre, aún así, he sido feliz, mi juventud no la cambio. Me casé a los 20 años, tuve cinco hijos, y ahora tengo siete nietos.

¿Vivió mucho tiempo en el exilio, qué tal esa experiencia?

En el exilio sos un número más. Aprendí varios idiomas en seis países diferentes, 17 veces me trasladé de un lugar a otro. Estuve en San Luis, en Misuri, Bogotá, Ohio, México D.F., Bruselas y Miami. El exilio me ayudó mucho a ser segura, a valorar más mis raíces.

LOS PLANES

¿Qué planes tiene en el campo de la escritura. Un nuevo proyecto?

He publicado mi poesía, ahora lo haré con mi prosa. Tengo muchos cuentos cortos como para publicar un libro. Mis cuentos son de algo que he vivido o de algo que me impacta, y dejo que mi imaginación viaje.

Este año lo que quiero es poner en escena en el Teatro Nacional Rubén Darío mi obra de teatro El palo de mamón. Estoy en plática con varios actores, a ver qué sucede.

¿Cómo fue su relación con su padre?

(Risas, risas, risas) Creo que era la favorita de él. Lindo, mi padre (Adolfo Chamorro Barillas), quedó viudo a los 42 años. Mi papá pintaba, se descubrió autodidacta. Su padre muere cuando él es muy pequeño. Tenía seis hermanas, y siendo el único varón después de su bachillerato tuvo que buscar trabajo para ayudarle a su mamá (que era mi mamá Chila, Cecilia Barillas) y sus hermanas.

Tenía siete hijos y fue un joven viudo y con la tarea de criar a sus niños, cuando se le muere su esposa de 38 años. Pintó muchos paisajes en especial los de Granada. Tengo el cuadro cuando él estaba pintando y se murió en 1974 cuando estaba embarazada de mi segundo hijo. Fue un padre extraordinario que nos inculcó valores, el amor a la familia, la unión entre los hermanos.

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COMENTARIOS

  1. SIN PECADO ORIGINAL...
    Hace 12 años

    Buen origen, granadino… el pecado lo adquirimos y lo acrecentamos en este mundo de acantilados. Por eso al comer mamón, hay que proceder en Topess, y la inspiración es más poética, cercana al Edén sin hojas de parra. Felicidades poeta!

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