Holanda vengó ayer la derrota del pasado Mundial contra España, aplastando a su rival por 5-1. Y aunque el triunfo no le da la Copa del Mundo, el sabor de la revancha fue más dulce que nunca para el equipo de Louis van Gaal.
Las selecciones que protagonizaron el último partido de Sudáfrica 2010 volvieron a encontrarse cuatro años después en su primer compromiso en Brasil. Si hace cuatro años España lucía equipación azul, en Brasil fue Holanda la que saltó a la cancha vestida de ese color. Mucho se habló sobre si era o no la revancha de aquella final, pero los jugadores holandeses dijeron públicamente que ni la mayor de las victorias podría reparar el daño que supone perder el mayor título del futbol.
¿O sí?
Solo siete de los 23 futbolistas holandeses en Brasil repiten con respecto a Sudáfrica. Dos de ellos, Robin van Persie y Arjen Robben, fueron protagonistas con sendos dobletes. Robben erró un famoso mano a mano con Iker Casillas en Johannesburgo. Pero en Salvador de Bahía no perdonó.
Los dos goles nacieron de sendas cabalgadas a la espalda de los centrales, pero cuando llegó a la altura de Casillas se sacó al menos parte de la espina que tenía clavada. Y no falló. La rabia que mostró en las celebraciones demostró que no eran dos goles más. Sino algo mucho más importante. Como quitarse un enorme peso de encima.
La contundente victoria vuelve a colocar a Holanda, eterna aspirante al título, en la quiniela de favoritos. Los de Van Gaal podrían certificar su pase a octavos si derrotan a Australia en la segunda fecha del Grupo B, que completa Chile.
Holanda ha perdido tres finales de la Copa del Mundo y siempre se dijo que el futbol le debía una. Tras la exhibición contra España, quizá tenga la oportunidad de cobrarse la deuda.
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