Un accidente de incontinencia urinaria del presidente Santos, de Colombia, fue hace unos tres meses noticia sensacionalista en la prensa internacional. Ocurrido en el mitin político de lanzamiento de su campaña de reelección, acto transmitido en vivo por la televisión colombiana, se observa el momento en que se le moja el pantalón, sin que Santos lo advierta; el percance inmediatamente fue retransmitido en las redes sociales y en los medios internacionales. Más allá de sus implicaciones políticas, el incidente pone de relieve una situación que afronta gran número de hombres aquejados del cáncer de próstata o de sus secuelas.
El cáncer de próstata es hoy casi una epidemia entre los varones mayores de 40 años, con probabilidades de aumentar su ocurrencia a medida que se avanza en edad, se dice que llegarán a padecerlo un alto porcentaje de los hombres mayores de 75 años. Es una de las principales causas de defunción en el sexo masculino. Con todo, es llamado el cáncer noble, ya que frecuentemente se circunscribe a un quiste que se desarrolla con lentitud, lo que da lugar a mayores posibilidades de intervención médica para su erradicación, eso apunta a la conveniencia de controles periódicos y tempranos para detectarlo oportunamente; incluso, su lento desarrollo hace probable que la persona muera de otra causa y no del cáncer de próstata, aunque esto es como una lotería, ya que también el cáncer prostático cuando hace metástasis es agresivo en su crecimiento y pasa a ser de alta mortalidad.
Ante el extremo de la muerte, para quienes padecen este tipo de cáncer, son buenas noticias esta tendencia al lento desarrollo y la efectividad terapéutica de las técnicas modernas. La mala noticia es que los tratamientos de erradicación o control, de ordinario, tienen efectos directos sobre la calidad de vida y la autoestima de quien se enfrenta a esta dolencia, particularmente en los primeros años de la terapia. El encontrarse la glándula prostática adosada a la vejiga, entre los síntomas perceptibles encontramos incontinencia urinaria y micción frecuente o dolorosa; una vez confirmado el cáncer de próstata, los métodos terapéuticos usuales son: bloqueos hormonales, cirugía de extirpación y radiaciones, los cuales provocarán lesiones que causarán disminución de la libido, impotencia sexual, infertilidad e incontinencia urinaria, situaciones todas estas que golpean directamente a la autoestima masculina y disminuyen la calidad de vida.
Volviendo a las buenas noticias, cabe decir que dependiendo de lo avanzado del mal y de las técnicas terapéuticas utilizadas, existen hoy altas posibilidades de curación del cáncer y de recuperación de las funciones perdidas, las que gradualmente pueden irse restableciendo, esperándose a los tres años posterapéuticos una funcionalidad satisfactoria. Pero bien, tanto para el proceso curativo del cáncer como para la recuperación emocional del paciente y restablecimiento de las funciones urinarias y sexuales, es fundamental el apoyo emocional y psicosocial que este pueda recibir. La esposa juega un papel fundamental, es ella quien directamente puede fortalecer en la parte íntima y apoyar en su recuperación; compartir experiencias con otros hombres afectados en diferentes estadios de evolución, también ayuda a poner en perspectiva las dolencias sufridas y prepararse para enfrentarlas. En nuestro caso, varios hombres que coincidimos en la terapia del cáncer formamos un grupo que llamamos “colegas de lucha”, la camaradería desarrollada tanto entre los pacientes como entre los familiares ha sido un factor importante para enfrentar con mayor fortaleza los retos terapéuticos y sus efectos sobre la rutina de vida.
Hoy puedo decir que la sacudida vital de este reto nos ha hecho apreciar y disfrutar más las bendiciones que ofrece cada día. A Dios gracias. El autor es sobreviviente del cáncer de próstata.
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