Facebookeando me encontré con una exaltación del diputado Alberto Lacayo de la Bapli, que decía “Necesitamos un gobierno decente para la gente”, pero tengo la convicción que no hay peor indecencia que la división.
Por supuesto que el tema estimuló para intercambiar opiniones y una que realmente me animó fue recordarle que en esto de la división todos, absolutamente todos, tenemos responsabilidades y me contestó literalmente: “Tenemos me suena a mucha gente y le repito amado hermano la unidad que quiere la gente es con la gente decente, ya que este país está como está por los indecentes y corruptos de ayer, que en un afán de poder y de robar le entregaron el país a Ortega”.
Desgraciadamente nos hemos acostumbrado a convivir con los problemas y no a solucionarlos y se prolongan más cuando sabiendo que todos tenemos cola nos pretendemos Mesías o Santos y queremos determinar con el enorme peso de nuestros pecados cuál es el grado moral de los demás.
Es muy común cuando se le pregunta sobre desatinos, —que son como coces contra el aguijón— oír a los dirigentes del PLI decir que la gente lo que quiere es tal o cual cosa para evadir el bulto y desatender los caminos equivocados por los cuales transitan sobre todo en el campo de la unidad para enfrentar a un Daniel Ortega, que si hoy fueran las elecciones se les lleva de calle.
¿Entonces cómo sabe lo que la gente quiere? ¿Acaso su universo de consulta se reduce a lo que piensa la famélica militancia del PLI que no llega ni al cinco por ciento de aceptación según las encuestas? ¿O por sus pistolas ignora que más del cuarenta por ciento de los consultados en la última encuesta de CID/Gallup representan el cuarenta por ciento de los indecisos?
Por si les interesa la gente, según todas las encuestas, se hartaron de nuestros partidos “democráticos”. Los resienten porque son más dictadores que los que dicen están en el poder, porque se viven chupando en pajilla la sangre del uno contra el otro, porque todo lo ven negro, porque critican y no proponen, porque se quedaron en el nivel de novatos políticos y ante su incapacidad quieren que los demás (empresa privada e Iglesia) resuelvan lo que ellos no pueden porque no tienen visión, estrategia, tolerancia y sobre todo coherencia.
Por esos factores la “unidad” está en los cuernos de la Luna mientras el FSLN se proyecta para veinte años más en el poder, aunque por criticar a la fantasmal “oposición” que tenemos Alberto Lacayo le sumó treinta más y a lo mejor tiene razón porque no veo cómo el PLI, ni el MRS, ni la llamada sociedad civil se sacudan y entiendan que frente al 2016 —que lo tenemos encima— aunque ahora mismo nos juntáramos, ya de por, sí estamos atrasados al menos veinte años políticamente hablando.
Hay que botar el lastre y dejar en el camino la intolerancia de creer que solo lo que yo pienso y hago es lo correcto y que lo demás no cuenta. Hay que botar el orgullo que nos lleva a creer que solo yo estoy encima de los demás y que no importa cuántas veces me equivoque, yo siempre tengo la razón y finalmente abandonar la vanidad de creer que soy el único bonito y que todos deben gravitar alrededor de mi figura lo que por supuesto es el extremo soberbio de la ignorancia política.
El éxito de la política es la humildad y hay que reconocer en el FSLN una fuerza poderosa adueñada de los sitios preferenciales en todas las encuestas que se han hecho sostenidamente desde hace tres años. Si esto se ignora no estamos en nada. El autor es periodista.
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