Humberto Galo Romero
A unque la actividad agropecuaria es el principal motor de la economía del país, y que además emplea a más de un millón de los tres millones de nicaragüenses que están en el mercado laboral, Nicaragua cada año asigna menos del uno por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) para desarrollar nuevas tecnologías agropecuarias. Al menos esto es lo que refleja el raquítico presupuesto que en los últimos tres años ha recibido el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA), clave en la liberación de variedades de semilla, por ejemplo, más resistentes al cambio climático.
Solo en 2013, el Gobierno le asignó a esta institución 12.2 millones de dólares, lo que representó apenas el 0.11 por ciento del Producto Interno Bruto, que se ubicó en 11,255.6 millones de dólares, según datos del Banco Central de Nicaragua y cifras del Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
La tarea encomendada a esta institución no solo está generar nuevas tecnologías para la agricultura, sino también para la ganadería, manejo integrado de los cultivos, mejoramiento genético del café y cacao para atender principalmente a pequeños y medianos agricultores y ganaderos, que son mayoría en Nicaragua. De ahí, la relevancia de la pobre asignación presupuestaria de esta institución.
Según su misión, el INTA debe : “Ser referente nacional en procesos de investigación e innovación tecnológica agropecuaria, contribuyendo a la reducción de la pobreza, seguridad alimentaria y nutricional de las familias nicaragüenses”, pero el cumplimiento de este objetivo es puesto en duda por los productores.
¿Qué dicen los productores? Luis Enrique Rodríguez, productor y además gerente general de la Cooperativa Esperanza, dice que es necesario que esta entidad transmita mayores conocimientos a los pequeños productores del país, especialmente a los que se dedican al cultivo de granos básicos.
Rodríguez refiere dos aspectos esenciales entrelazados para ir superando esta asignatura pendiente: innovación tecnológica y poner a disposición de los productores una mayor variedad de semillas certificadas.
“Al tener mayor disposición de semillas certificadas se podría incrementar las áreas de siembra y mejorar los rendimientos productivos”, refirió.
Y es que según datos del Censo Agropecuario IV a 2011, de las 216,145 fincas o explotaciones agropecuarias dedicadas a al producción de alimentos, solo el cinco por ciento utiliza semilla certificada y otro 14 por ciento semilla mejorada, el restante emplea semilla criolla.
Además “espera poder generar nueve mejoras tecnológicas a través de dos nuevas variedades de semillas, cuatro en agricultura sostenible, tres en ganado mayor y menor. Además fomentar la utilización de semilla certificada en 11,598 productores, mediante la aplicación o adopción de tecnologías de manejo integrado de cultivo de 34,398 productores”.
Es en la generación de nuevas variedades de semilla donde los productores sienten la ausencia de esta institución. En su portal electrónico, no hay registro de la liberación de variedades en los últimos años. ¿Puede el INTA cambiar la realidad de los pequeños productores? Los productores están convencidos que sí. Ana Rosa Romero, responsable técnica de la Cooperativa la Unión, en Wiwilí, Nueva Segovia y Jinotega, dice que aunque el vínculo con esta institución ha sido indirecto, varios productores agremiados han logrado incrementar el rendimiento productivo de sus cultivos.
“En los últimos cuatro años hemos recibido el apoyo técnico del INTA en aspectos como manejo integral de los cultivos, fertilización de tierra, uso de semillas mejoradas o híbridas han incidido en el rendimiento de la cosecha”, cuenta. Romero agregó que este tipo de conocimientos les ha permitido incrementar los rendimientos productivos hasta en un treinta por ciento en algunas siembras.
“Con este tipo de asesoría en cultivos como el maíz, por ejemplo, análisis sobre el suelo han permitido incrementar la densidad productiva, antes se sembraban treinta mil plantas en un área, ya con la capacitación sobre fertilización aplicada en las zonas, tomar medidas contra las plagas, eso ha permitido extender más las plantas sembradas hasta casi cuarenta mil y por ende incrementar el rendimiento productivo”, dijo.
INVERSIÓN COMPARTIDA
La productora sostiene además que este incremento en el rendimiento va de la mano con la inversión que tiene que hacer el agricultor, acostumbrado a cosechar de una manera tradicional. “Lograr estos niveles de rendimiento productivo requiere no solo de elementos técnicos, sino también de invertir para modificar las prácticas de cultivo”, dijo.
Carlos Abaunza, agricultor de la zona de Occidente, mencionó que su experiencia con el uso de híbridos distribuidos por el INTA le ha dado buenos resultados, especialmente en el cultivo de maíz, pero para lograrlo ha debido invertir un poco más de lo usual.
“He invertido como trescientos dólares por manzana, pero la asesoría y el uso de mejores semillas me ha ayudado a incrementar las zonas de cultivo y su rendimientos en cerca de cuarenta por ciento”, platicó Abaunza.
MÁS PLANES
La cooperación internacional es aliada clave del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el que aportará cuarenta millones de dólares para un programa de producción que durará cinco años.
El INTA pretende este año invertir ocho millones de córdobas para desarrollar y mejorar los centros de desarrollo tecnológico, sus estaciones experimentales, compra de maquinaria y fomento a la investigación en fincas productivas experimentales.
[doap_box title=»Se necesitan más semillas» box_color=»#336699″ class=»aside-box»]
Aunque el presidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua, Michael Healy, considera que el INTA ha ayudado a mejorar la actividad agrícola, cree que se requiere de más variedades de semillas mejoradas, especialmente ahora con el cambio climático.
“El INTA ha venido trabajando fuertemente en la facilitación de semillas mejoradas en cultivos como arroz y frijoles, pero se necesita una mayor beligerancia para tener un mayor éxito. A través de los laboratorios se pueden definir nuevas variedades de semilla para diferentes cultivos, no solo granos básicos sino también de yuca, papas, eso tiene que hacerse de una manera masiva porque con los cambios climáticos se varía también el tipo de plaga”, dijo Healy.[/doap_box]
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