Acompañando la recuperación económica que se inició en los años noventa, las exportaciones de Nicaragua han venido creciendo, tanto en volumen como en valor. Pese a que seguimos siendo un país esencialmente primario-exportador, es decir, que el grueso de las exportaciones se genera en el llamado sector primario de la economía, donde se ubican las actividades agropecuarias y extractivas, alguna diversificación se observa en la canasta exportadora.
Lo anterior no ha modificado, sin embargo, el más cruel perfil de nuestra economía: somos, fundamentalmente, un país pobre-exportador, es decir, un país exportador de pobres. Y su contraparte, las remesas, que ya superan los mil millones de dólares, sobrepasan a los principales productos de exportación juntos.
Esta no es una tendencia nueva, y en este sentido no es responsabilidad del actual gobierno. La primera gran ola de migración se inició por causas políticas, en los años ochenta, pero poco a poco, en la medida que se profundizaron los problemas económicos asociados a la revolución y la guerra civil, la migración tuvo cada vez más causas socioeconómicas, pese a la recuperación económica posterior al fin de la guerra.
Si bien la tendencia no es responsabilidad del gobierno actual, que por cierto ya va por su octavo año, es decir, casi una década, sí es de su responsabilidad que la misma no se haya contenido y, por el contrario, se ha intensificado. Recientemente un funcionario costarricense dijo que la migración hacia ese país se había incrementado en 20 por ciento.
Pero más responsabilidad del gobierno es hacer propaganda política con supuestos “éxitos económicos” en la lucha contra la pobreza, que la realidad de la migración los niega. En el Informe de Gestión Gubernamental 2013 que Ortega, sí, el propio Ortega, envió a la Asamblea Nacional a través del ministro de Hacienda, en la primera línea se proclama, con un titular subrayado para que no quede duda: “Seguimos reduciendo el hambre, la pobreza y la desigualdad”. Pero como las mentiras hay que disimularlas para que no resulten tan evidentes, a continuación se dice en el Informe como para darle sustentación al titular: “Bajamos la pobreza general del 48.3 por ciento en 2005 a 42.5 por ciento en 2009”. Asumiendo esas cifras como verdaderas, lo primero que resalta es que la mitad del período citado, 2005 a 2009, correspondió al gobierno de Bolaños porque el nivel de actividad económica en 2007, primer año de Ortega, quedó fuertemente predeterminado por el último año de Bolaños (2006).
Pero no llega hasta ahí la “falsificación ideológica”, para usar retóricamente una figura delictiva. Ya que para avalar los “éxitos” en la lucha contra la pobreza citan a Fideg (que en el Informe lo identifican como “un centro privado con financiamiento de Holanda y Suiza, y asistencia técnica del Banco Mundial”), veamos lo que Fideg dice en cuanto a los resultados de la encuesta de hogares del año 2012: entre 2009 y 2012, es decir en cuatro años del gobierno de Ortega, la pobreza general se redujo del 44.7 por ciento al 42.7 por ciento. Es decir, solamente dos puntos porcentuales en cuatro años que fueron, precisamente, los de mayor auge en los precios de exportación y en la cooperación externa.
Pero en el mismo documento de Fideg se dice algo que el Informe de Ortega se cuida en ocultar. Al examinar los factores que explican esa muy modesta reducción de la pobreza general se dice que “uno de estos factores es el flujo de remesas familiares que ingresa al país”. ¿Y saben qué más dice el documento de Fideg? Que sin esas remesas familiares la pobreza general en 2012 en vez de haber sido del 42.7 por ciento de la población, ¡habría sido del 46.8 por ciento! Es decir, ligeramente superior al último año del gobierno de Bolaños.
¿Y qué tal si los pobres que migraron durante ese período se hubieran quedado en el país? La pobreza habría aumentado por partida doble: por los pobres que se habrían quedado, y por los pobres que no hubieran salido de la pobreza porque no recibirían remesas.
Con otro gobierno, en las condiciones tan favorables que ha tenido el gobierno de Ortega en términos de cooperación externa y precios de exportación, estaríamos mejor, mucho mejor, aunque haya quienes se conforman con que el Ortega actual no es exactamente igual, en gestión económica, al Ortega de los años ochenta. El autor fue candidato a vicepresidente de Nicaragua.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A