El trabajo es la actividad primordial que ennoblece al ser humano, es el medio que le permite obtener dignamente los recursos para satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, salud, vivienda y educación, y de esta manera enriquece su dimensión social. Es a través del trabajo que las personas llevan el sustento diario a su hogar, de acuerdo con los ingresos obtenidos así será el nivel de vida familiar.
Enseñar a un niño el amor por el trabajo no es malo, tampoco lo es integrarlo que ayude en las actividades del hogar, lo malo es aprovecharse de la necesidad y condición de pobreza de los menores de edad como lo hacen algunos adultos y hasta sus mismos padres, que ven en el hijo un medio para obtener dinero obligándolos a realizar “pequeños” trabajos interrumpiendo de esta manera su vida escolar.
El trabajo infantil se considera como la utilización para fines económicos de menores de edad por parte de adultos y que afecta como consecuencia el desarrollo personal y emocional de los menores. Esta forma de explotación no deja de ser una violación a los derechos de los niños, quienes son obligados a realizar estas labores sin poder protestar por su condición de ser considerados como personas inferiores.
Hace unos años se tenía la idea de que solo los niños de las zonas rurales eran retirados de la escuela para ayudar a su familia en las labores agrícolas, desde limpiar el terreno, espantar los pájaros, entre otras, les obligaban a no continuar y reprobar el año escolar, hoy en día este problema afecta a estudiantes de la zona urbana, a quienes sus padres les buscan un “trabajito” bañando perros, lavando carros, limpiando alguna casa o vendiendo un producto en las calles con sus padres e incluso solos.
Otra realidad es la que se vive con el flagelo de la prostitución, se tiene conocimiento de madres sin conciencia que obligan a sus hijas entre 10 y 15 años a prostituirse, otras disfrazan la venta de tortillas para ofrecer a sus hijas a los clientes por unos cuantos pesos en las esquinas de su barrio.
Es común ver por las calles, paradas de autobuses, y mercados a niños vendedores de agua, refrescos y golosinas sirviendo como intermediarios entre el dueño de un negocio, quien les garantiza veinte o treinta córdobas por un día de trabajo.
En el ámbito escolar esto influye negativamente, pues el niño presenta deficiencias como el cansancio, falta de atención y motivación a clases y en algunos casos se muestran agresivos, lo que repercute en el rendimiento académico, son muchas las quejas que los docentes hacen ante las instancias superiores: Mined, Mifamilia, y estas no son escuchadas, es preocupante la cantidad de estudiantes que deciden dejar la escuela por ganar dinero que le hace falta muchas veces a su progenitora, madre soltera, con cuatro o cinco hijos.
Ante estos abusos que son del conocimiento de la sociedad es necesario poner en práctica medidas correctivas, aplicar la ley en los casos donde los padres de familia no cumplan su responsabilidad y su rol como padres obligando a sus hijos a trabajar, urge la revisión del Código de la Niñez y la Adolescencia, que aquí en nuestro país no se cumplen los derechos de nuestra niñez y la ley mal aplicada deja mucho que desear. La autora es maestra de la ciudad de Diriamba.
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