Cuidado, ¡ballesteros al ataque!

Erick Ramírez

Ahora si estamos fritos. No solo no hay derechos que reclamar, ni a donde quejarse, ni garantías ciudadanas, ni nada, sino que nos cayó la plaga de los protegidos del régimen o dictadura, da igual.

Los protegidos del Gobierno, que generalmente forman parte de la nomenclatura, es decir aquellos que viven usufructuando la cosa pública, son la parte más dañina del sistema porque se creen con derecho a atropellar a cualquiera y sabedores de que gozan de la protección oficial se creen con derecho a pisotear a quienes les da la gana, empezando por los perros.

Resulta imposible de creer que la Policía de este país no haya detenido a nadie relacionado con la matanza de mascotas que desde hace varias semanas estremece la Carretera Sur, a menos, claro está, que como dice la vox pópuli, haya mano perfumada que ballesta en mano mata perros a discreción a sabiendas que su acción quedará impune.

Esto es grave, en tanto que quien mata perros a flechazos es claro que sufre trastornos mentales que lo pueden llevar a aumentar su escala de agresión incluso a seres humanos. Los que viven en la Carretera Sur, repleta de gente pudiente, escuelas y embajadas, son los primeros que están en peligro inminente de sufrir un ataque. De ahí que resulta inverosímil que la Policía no haya capturado a ningún mataperro.

Como dice la canción, esto “huele a peligro”. El hechor ha dejado más huellas que las que deja un gato enlodado, o un mastodonte en la nieve. Un deporte de élite, accesorios caros, tiendas selectas para adquirir suministros, pólizas de importación, marcas que denotan el origen de los artefactos, direcciones precisas de las agresiones, las víctimas inermes, los veterinarios que las atendieron, en fin, un estela más fácil de seguir que la del cometa Halley, pero la Policía nada, más bien guarda un silencio semejante a un manto protector.

Como esta es la mejor Policía de Centroamérica y de muchos países, uno hubiera esperado que los experimentados detectives o las escuadras que son capaces de descabezar redes complicadas del narcotráfico no tuvieran ningún tropiezo para dar con los culpables salvo que estos se arropen en el inmune manto protector de la clase oficialista.

De todas maneras, como dijo el indio, siempre salimos jodidos porque la impunidad arropada en la oscuridad solo puede causar daño y si no tenemos Policía que nos defienda entonces estamos chicles.

Pero,para consuelo, ¡asústense! la Policía ha publicado un manual sobre ballestas que más parece una chupeta para recién nacidos que un serio intento por detener al o los agresores. El poseedor de una ballesta o arco, léase, según su cartera, deberá registrarla para tener su debida portación y no podrá llevar la ballesta ni siquiera a las fiestas de agosto para no confundirla con las armas chapiollas que ahí abundan, de esta manera se mantiene la exclusividad del usuario.

Es como publicar un manual de primeros auxilios después de una epidemia. No sirve ni para capturar culpables, ni para prevenir el delito, menos para garantizar la seguridad de su mascota o de usted mismo, vaya Dios a saber.

Mientras tanto, él o los matadores de perros continuarán gozando del cálido refugio que implica su cercanía al poder porque si el atacante hubiera sido un simple y mortal bayunco hace rato que hubiera sido encholpado, aunque a lo mejor este último le hubiera perdonado la vida al can. Porque por palmado no tendría el arma para ultimarlo. El autor es dirigente histórico socialcristiano.

Opinión dictadura régimen archivo
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