Después de casi siete años de frías y distantes relaciones entre el episcopado y el gobierno orteguista, parece que al fin habrá un relativo acercamiento formal y público entre ambos poderes. Suceso que ha creado múltiples expectativas entre los férreos círculos de poder, los prostituidos partidos políticos, el veleidoso sector empresarial y la ciudadanía en general.
Para ubicarnos en un marco simple obtuve del internet dos sencillas definiciones de las palabras diálogo y monólogo. Mismas que a continuación expongo: “El diálogo es reclamado por la actual democracia como un medio de arribar a acuerdos, a través de la exposición de ideas, de cordialidad y respeto. Se dice que la violencia actúa, cuando el diálogo falla. El monólogo es un discurso oral o escrito, donde el emisor de la comunicación es una sola persona. Puede estar dirigido a un receptor que puede ser individualizado o al público en general”.
La cúpula del clero (los obispos) ha tenido la oportunidad de exponer con claridad los aspectos más relevantes de lo que consideran la actual crisis nacional desde su perspectiva “pastoral”, bajo el supuesto de que han recopilado importante información directa y creíble, proporcionada por la ciudadanía, ya sea en el confesionario o en conversaciones cotidianas entre la feligresía y la sociedad en general.
El clero ha esperado que el Gobierno escuchara seriamente sus prudentes críticas y reclamos en su calidad de voceros populares y que como producto sólido de sus exposiciones, el Gobierno medite y actúe puntualmente en pro de resolver los temas más álgidos de la problemática nacional.
Según el Banco Central, el Banco Mundial, el BCIE y otros entes financieros, Nicaragua está en una situación macroeconómica solvente. Pero según el consumidor en los mercados públicos, los precios de los alimentos básicos son inalcanzables (¿cuándo la libra de frijol había costado un dólar?), y casi el 80 por ciento de la Población Económicamente Activa se encuentra en la informalidad sin trabajo estable.
De allí el énfasis en la última carta del Episcopado sobre el tema. Lo cito literalmente: “Gran parte de nuestra población vive en la miseria, el desempleo es alarmante, el costo de la vida y la pobreza crece continuamente mientras que al mismo tiempo, como ha ocurrido siempre en la historia de este país, unos pocos individuos y grupos de poder siguen enriqueciéndose sin medida”. Los pobres en la sociedad “ya no están abajo, en la periferia o sin poder, sino que están fuera. Los excluidos no son ‘explotados’ sino desechos, ‘sobrantes’”. El astuto Gobierno en estos últimos años ha centralizado los poderes utilizándolos para sus fines partidarios de manera ilimitada. La economía nacional funciona de acuerdo con lo que mejor conviene a los intereses particulares de los gobernantes sin freno de ningún tipo. ¿Qué atractiva opción pudiera presentar u ofrecer el clero al actual gobierno para motivarle a modificar su trayectoria? ¿Qué me das?, ¿Que te doy? ¡Tengo el poder y tengo la plata! ¡Vamos a la perpetuidad en el poder con o sin democracia directa! Para “la foto” ya tengo a Obando que también es cardenal ¿Y ? Lamentablemente la posibilidad que el tan esperado diálogo fuese solamente un triste monólogo de curas se ha conformado. Quien tiene cargados los dados es el que maneja el juego. ¡Solo Dios! El autor es politólogo.
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