Hace veinte años, mientras Estados Unidos se aprestaba a acoger el Mundial de Futbol, se me preguntó que si pensaba que en algún momento Nicaragua iría a una Copa.
Y respondí que sí, que era un asunto de crear las condiciones, es decir, establecer un plan a largo plazo, conseguir los fondos para sostenerlo y trabajar duro.
Dos décadas después, no tenemos ni el plan, y tampoco se ha trabajado lo suficiente como para que esa ilusión de ir a un Mundial, tenga carácter realista.
Supongamos que nuestro futbol ha avanzado un poco: ya no nos golean los vecinos y uno que otro jugador sale a jugar a otro país. Esas son señales alentadoras.
El problema es que cuando aquí damos un paso, los vecinos corren. Y aunque me desagrada el pesimismo y los pesimistas, debo admitir que cada día lo veo más difícil.
Salvo el esporádico éxito en beisbol y en boxeo (13 big leaguers y 12 campeones) el talento no se nos dio para el futbol, y tampoco se ha trabajado para descubrirlo.
A lo mejor es por zonas. El dominicano tiene un físico excepcional para el beisbol, el brasileño nació con la bola pegada al pie y el jamaiquino con turbos para correr.
Pero creo que no debemos rendirnos. Un primer paso para el cambio podría ser el crear oportunidades para que nicas vayan al extranjero y así mejoren su nivel.
El día que un nica tenga éxito en el futbol extranjero, algunas cosas van a cambiar, sobre todo en la cabeza de quienes piensan que estamos condenados al fracaso.
Por ahora, ir a un Mundial sigue siendo un ilusión, cada vez más lejos de ser algo real.
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