Tatiana Rothschuh
“Amerrisque no solo ha protegido Juigalpa… es un refugio de aves, el despale y las quemas afectan la arqueología allí existente, están acabando el abono orgánico natural y estamos perdiendo la riqueza”, dijo.
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En la cordillera Chontaleña, de origen volcánico, lugareños reportan situaciones “raras” como el desprendimiento de rocas de Amerrisque, cayendo en hondonadas de agua; la abertura del terreno por la fuerza de las vertientes desde los altiplanos y el sonido bofo en las planicies de un cerro, pero lo más grave son las quemas.
Los empresarios Arnoldo y Doris Castrillo, cuyos antepasados habitaron el lugar; el doctor Freddy González, José Manuel Flores, presidente de Cantur y Mario Sánchez, de la Facultad Regional Muldisciplinaria de la UNAN, recorrieron una parte de la cordillera, entre Juigalpa y La Libertad, en el departamento de Chontales.
Alberto Siles, dueño de la finca El Quepí, cuenta cómo en los últimos meses del pasado año una enorme piedra rodó hasta caer en un sitio anegado en agua, asegura que nunca existió algún ojo de agua y que ha tratado de aterrarla porque las vacas no van pues sienten temor.
Refiere que en el 2012, las vertientes provocaron aberturas terreno abajo y que al caminar por la planicie suena raro, “yo le llamo el tumbe”, manifiesta.
Se observan quemas arrasando planicies o cerros boscosos, incluso provenían de sitios identificados por los lugareños como ojos de agua. Muy pocas aves sobrevolaban y el único lugar donde se escucha el aullar de los monos congo es en la serranía aún boscosa.
Declarada Reserva Natural, la serranía de Amerrisque está ubicada a 994 metros sobre el nivel del mar, en cuyas cúspides el viento sopla fuerte y hay aire puro. Allí se establecieron los mayas, la tribu que dejó el legado histórico y antropológico.
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