Amalia Morales
La clase de radio que enseña Silvio Sirias en la Universidad Centroamericana (UCA) no es la típica en la que el profesor entra al aula, habla y habla, lo sabe todo, escribe algo en la pizarra, oye a los estudiantes para registrar participación, y al final de la hora y media de clases encarga tareas y hasta la próxima. No. Así no es.
La clase de Sirias es como una serie de televisión en la que en cada capítulo pasa algo diferente. Sirias comparte experiencias, pueden ser suyas, en la que no faltan anécdotas de Acoyapa, su pueblo; el aderezo anecdótico también puede correr por cuenta de los estudiantes. Luego esas historias se depuran de los prejuicios, se funden con los formatos radiofónicos, que el maestro enseña casi como un juego, y al final viene la práctica, cada alumno sale a buscar una historia para contar.
Así, con esa estrategia sencilla, que se basa en compartir, escuchar, conversar y mezclar, la clase de Sirias, a lo largo de 16 años, se ha convertido en un referente, pero también en una cantera inagotable de producciones radiofónicas con las que alucinaría la fonoteca de cualquier emisora en este país.
“Él ha marcado un antes y un después en el colectivo docente (…). Es un promotor del cambio social, de ideologías y prácticas para mejorar la convivencia cotidiana”, dice Marcela Rivera, también docente de radio en la UCA.
Los que han sido sus alumnos saben que la clase de Sirias no acaba en el aula. Se extiende a los pasillos, cafetines, y en su oficina del departamento de Comunicación, adonde llegan a consultar, corregir algún guión y a proponer alguno para que sea grabado.
DEL CATECISMO A…
Fue en las clases de catecismo de su pueblo que Silvio Sirias tropezó con su vocación de maestro. Tenía 5 años y sentía un especial encanto por la forma lúdica con que Ninfa Báez, mejor conocida como “La Niña Ninfita”, les enseñaba la doctrina cristiana a él y a otros niños.
“Enseñaba la historia de Adán y Eva y del diluvio con láminas. Todo era animadísimo. La metodología de ella era una combinación entre actuación y recursos visuales. Eso, caló mucho en mi mente. Yo no sabía que iba a ser docente, pero me encantó”, dice Sirias y agrega que creció oyendo Radio Corporación. Serían definitivos en su vocación programas como El Tren de las 6 y los cuentos de Pancho Madrigal.
Recuerda que alguna vez le comentó a su mamá que de grande le gustaría ser periodista, y ella, contrario a muchos padres, aplaudió su deseo con “ay qué lindo”. Hoy Sirias se considera más un “comunicador social” que promueve entre sus alumnos el acercarse a la realidad.
En los dos últimos años ha hecho un experimento con ellos: llevarlos a un pueblo, más allá de la capital, para hallar y contar sus historias.
“Para que ellos se den cuenta cómo vive la otra gente y que tengan una cercanía con el pueblo, porque se quedaban aquí en Managua”, dice Sirias, quien recién presentó su investigación La musa para producir el cambio social es la vida .
En San Rafael del Norte y en los Pueblos Blancos, los estudiantes encuentran historias insospechadas, como la del pintor que tapiza las paredes de su casa con sus propios cuadros, porque no tiene quién se los compre o la muchacha que se mató con su traje de novia. Detrás de esas historias va Sirias, y con él, sus estudiantes.
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