Alejandro Aróstegui
La pintura de Clarissa Schoenborn sorprende agradablemente y convence estéticamente por la insistente y sencilla interpretación de una temática aparentemente repetitiva y limitada (fauna terrestre y acuática, en su mayoría) pero con un original tratamiento técnico y colorístico que hace de cada obra algo que trasciende la realidad del tema, para hablarnos más de las cualidades imaginativas y sugerentes.
Estudios en artes gráficas, diseño de modas y estampado en telas, en Viena y luego Londres, explican las líneas precisas y acertadas combinaciones colorísticas y tonales que hacen de sus cuadros un despliegue de refinado buen gusto y sobriedad precisa. Una segunda lectura nos introduce a un mundo pensante, abstracto y poético.
RELIEVE Y COLOR
Descubrimos el objeto encontrado, viejo y herrumbroso, instrumentos de mecánica, partes de máquinas u objetos desechados de uso cotidiano: tijeras, serruchos, limas, martillos, etc.
Encontrados y escogidos por la propia artista y que solo ella sabe qué le sugieren y en qué los puede convertir. Comienza la creación de la artista: integrar el objeto tridimensional al plano del cuadro con la pericia y control absoluto de una profesional experimentada en relieve, línea y color, para alcanzar la obra maestra, mágica o sencilla que nos deslumbra y atrae o nos invita a la serenidad de la introspección.
La verdad es que la creación en el arte no está en la imitación pedestre de la naturaleza o de lo “ya hecho”, sino en el aporte que cada artista puede dar a través de su experiencia cognoscitiva y aportes de su propia sensibilidad desarrollada.
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