La fauna de las pinturas de Clarissa tiene una sorprendente doble condición de ligereza y fuerza, ilusión y realidad. Son figuras a las que el pincel logra dar una condición etérea, y al mismo se hacen palpables al quedar fijadas con el metal de las herramientas. La pintora no deconstruye, sino que reconstruye, conecta lo que siente con lo que toca, lo que imagina con lo que palpa.
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Las criaturas que parecen desvanecerse en la delicadeza de su sustancia volátil se nos escaparían en un soplo si estos objetos prosaicos no las detuvieran con su relieve. Es el eterno alfiler fijando a la mariposa. La vigilia que convive con el sueño. Nos lo dicen primero los colores cuya tenue armonía atrae al ojo. Nos lo dice la fábrica de variada invención de las figuras.
ATORNILLAR EL SUEÑO
Clarissa sabe atornillar el sueño, ponerle cerrojos, bisagras, darle una vuelta de tuerca, otorgarle substancia concreta a la delicadeza, hacer que sus criaturas que viven en el agua y en el aire, en la tierra se instalen en lo concreto y podamos advertir sus volúmenes, tocarlas, como toca un ciego el sueño, según el verso de Joaquín Pasos.
Los objetos de la vida cotidiana, los que no advertimos porque despreciamos por banales, y si no los vemos es porque ya sabemos para qué sirven, en estos cuadros adquieren de pronto una utilidad diferente porque se integran a la composición estética. Se hacen arte. Aquí también sabemos para qué sirven pero hasta ahora los vemos en toda su majestad, como en las Odas Elementales de Neruda las cosas más humildes dejan de ser cosas y se vuelven motivos integradas al verso. Aquí se vuelven motivos porque están integradas al cuadro.
Si acercamos los dedos a la superficie de lo concreto que se sale del lienzo, en el objeto que acompaña a la figura y se integra a ella tendremos una prueba de que los seres vivos que vuelan, nadan, andan y se arrastran en el plano del cuadro, nos son devueltos por la pintora con su propio nombre en lo real. Es la figuración de la figuración. Una parábola de imágenes que cierra a la palabra sobre sí misma: serrucho para el pez serrucho, sierra para el pez sierra, martillo para el pez martillo; las tenazas del cangrejo son tenazas de verdad.
LAS HERRAMIENTAS
El cajón de herramientas ha sido abierto por la pintora y ella sabe para qué sirve una llave inglesa, la espiral de un taladro, una lima, un tornillo, un clavo, una espátula. Sirven para convertirlas en ojos, picos, patas, para integrarlas a los cuerpos de los seres de esta zoología fantástica. Un bestiario que no amenaza, sino que seduce.
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