Aunque la moneda legal es el córdoba, Nicaragua tiene de hecho una economía altamente dolarizada y el simple anuncio de que se va a estudiar una eventual “cordobización” —es decir disminuir o restringir el uso del dólar y promover un mayor uso de la moneda nacional— no deja de introducir inquietudes en diversos sectores. Aún persiste en la memoria colectiva las experiencias negativas de la década de 1980 —donde se restringió y penalizó el uso del dólar y se estableció el control cambiario—.
También se recuerda la mala experiencia de Argentina del año 2002, cuando se introdujo la “pesificación” y los depósitos en dólares fueron obligatoriamente cambiados gradualmente en pesos argentinos devaluados, el denominado famoso “corralito”, que fue una especie de confiscación. Esto último sin embargo es improbable que ocurra hoy en Nicaragua, porque sería muy grave para la estabilidad económica del país y tendría además fuertes consecuencias políticas.
Aunque las ventajas del actual sistema cambiario —del deslizamiento o devaluación nominal gradual del cinco por ciento anual— son muy discutibles, lo más probable es que continúe en el futuro pudiéndose disminuir o aumentar esa tasa de devaluación anual. Existen de hecho tres monedas: el córdoba —usado principalmente para pagar salarios—, el córdoba con cláusula de mantenimiento de valor, y el dólar que es la moneda de facto dominante y no solo en el sistema bancario altamente dolarizado. Dada la importancia del comercio exterior en la economía de Nicaragua y dada la desconfianza —originada en la década de 1980— en la moneda nacional, plantear la alternativa de una cordobización, viene a introducir innecesariamente un elemento de riesgo para los agentes económicos. Sería incluso más fácil y con menos inconvenientes —pasar a una dolarización oficial— que intentar cordobizar.
Desde hace años el FMI ha señalado el riesgo cambiario, que resulta de tener una economía altamente dolarizada. Ese riesgo surge cuando un agente económico tiene ingresos en córdobas y egresos o deudas en dólares, o cuando los bancos tienen clientes a los que les han prestado en dólares y esos clientes tienen sus ingresos en córdobas. Para evitar ese riesgo sugieren la cordobización. Han sugerido además pasar a un sistema de cambios flexibles —donde el valor del dólar fluctúe de acuerdo con la oferta y la demanda—.
Teóricamente se supone que un tipo de cambio flexible —acompañado de la cordobización— sería más conveniente para hacer frente a los llamados “shocks externos” —como un aumento en el precio del petróleo—, ya que permitiría usar devaluaciones del córdoba para mantener la competitividad de la economía. Sin embargo, en las condiciones de Nicaragua las devaluaciones nominales —inclusive la del cinco por ciento anual del deslizamiento— tienen poca capacidad de lograr devaluaciones reales, ya que si se devalúa el córdoba la mayor parte de los precios en córdobas se ajustan a la devaluación. Muchos precios en córdobas están indexados al tipo de cambio. Naturalmente los salarios nominales pueden quedar rezagados en relación con una devaluación, lo que en el fondo es “el truco” para intentar mantener la competitividad con un tipo de cambio flexible: intentar reducir los salarios reales vía devaluaciones. Ello, sin embargo, es inconveniente. El problema de la competitividad de Nicaragua no se corrige con trucos cambiarios. Es un problema de la productividad de todo el sistema económico. Prueba de ello es que con un tipo de cambio fijo de siete córdobas por un dólar —sin tipo de cambio flexible— Nicaragua logró en la década de 1960 sus mayores niveles de productividad y las mayores tasas de crecimiento de su historia.
Los tipos de cambio fijos también tienen desventajas y una dolarización oficial sería una forma extrema de tipo de cambio fijo. Al haber adoptado el euro, países como Grecia y España adoptaron una especie de tipo de cambio fijo extremo y perdieron la posibilidad de usar devaluaciones para restablecer la competitividad externa. Ante la crisis, tuvieron que recurrir a lo que lo que se denominó “devaluación interna”, es decir reducir los salarios reales flexibilizando el mercado laboral.
Dada la experiencia europea, ha perdido atractivo adoptar una moneda extranjera. Sin embargo, en el caso de Nicaragua, el seguir con el actual sistema cambiario y con el elevado grado de dolarización no oficial existente o pasar a una dolarización oficial, son en todo caso alternativas con menos desventajas que el intentar cordobizar la economía restringiendo el uso del dólar. El autor es doctor en Economía.
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