Mucho se está discutiendo en los diversos estratos sociales, económicos y políticos, es decir, en el gran capital, empresarios, mercados, pulperías, en la sociedad civil organizada y en la desorganizada, en barberías, salones de belleza, restaurantes y bares, y aún entre los partidos políticos de oposición serios que no pasan de dos, y en los fantasmas. Se está discutiendo entre la sabiduría popular y entre los sabios de Grecia locales, la cuestión que es la comidilla cotidiana en las oficinas, centros de trabajo, a bordo de taxis y buses: Debe la Conferencia Episcopal de Nicaragua dialogar con el inconstitucional presidente Daniel Ortega.
Estoy de acuerdo con lo que dicen que sí. La Iglesia está llamada y llama al diálogo, es su esencia, lo haría con el mismo Maligno si con ello fuese posible sacar almas del Infierno. En las condiciones que sean. A pesar de los agoreros que presagian desastres, los que leen las cartas o consultan sus bolas de cristal, los que intervienen en radios como oráculos, diciendo que no se debe ir al Diálogo. La Conferencia Episcopal debe ir al diálogo, es urgente. Nicaragua necesita que los obispos asistan al diálogo. Es más, el gobernante inconstitucional necesita el diálogo. No solo por razón de estrategia política que es seguramente la que lo mueve, sino también por otra razón, el acercamiento a la verdad.
No hay ninguna duda de que la institución de más alto prestigio y crédito en el país es la Iglesia católica de Nicaragua, representada por sus obispos. De ahí que ninguna institución o persona natural puede llamarse digna de más crédito. Digan lo que digan las encuestas, algunas serias, medio serias otras, o de rokonola como son conocidas algunas. Sería llamarse a engaño, pensar lo contrario a que el arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes Solórzano, es la persona que goza de más simpatía, estima y respeto del pueblo. No es del todo cierto que las bandas orteguistas fueron las que le hicieron el recibimiento al cardenal cuando regresó ungido de Roma. El pueblo espontáneamente y las comunidades de iglesias católicas nos congregamos a lo largo de la Carretera Norte hacia la Catedral para saludarlo. Algo que no puede hacer otro líder, aunque pague. Porque es la única forma de llenar una plaza sino es con dádivas.
Los obispos son gente común, como usted y yo, nacen, viven y mueren como todos. Pero hay algo en ellos y tienen algo que los demás no tenemos. Son obispos. Y para los cristianos es el guía mayor de ellos y los sacerdotes en sus comunidades. Viene de la palabra griega, Episkopos: Epi, alrededor, o sobre de; Kopeo, ver; es decir, el que ve encima. De ahí su autoridad en la Iglesia. Son los defensores de la fe y la sana doctrina desde los primeros años del cristianismo, muchos de ellos mártires. Y su elección, no es quien sea el más sabio o más rico, sino el de uno que es sencillo, pero justo e iluminado por el Espíritu Santo. El papa Francisco, no fue electo por casualidad y no es obispo de Roma por cálculo político. Hay algo sobrenatural, divino, en la Iglesia que Cristo nos dejó con su Resurrección.
Hombres como estos es que el gobernante nicaragüense tendrá enfrente, en un diálogo que evadió por varios años. Tengamos confianza en los obispos, porque su sabiduría no es solo de ellos. Sabrán hacer las cosas bien y de provecho para la comunidad. Aunque el que esté enfrente crea que tiene el control. El autor es presbítero Anglicano y Abogado.
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