Vivir en sociedad
Como el hombre es un ser social por naturaleza no puede realizarse ni vivir en soledad. Tiene que ayudar y ser ayudado por los demás. De otra forma no puede conseguir ni su desarrollo físico ni el de sus facultades como ser racional y libre.
Ese convivir con los demás requiere de unas normas y valores, aunque no escritas, que regulen el comportamiento, faciliten la convivencia y permiten que podamos vivir juntos.
Hay que procurar vivir las virtudes humanas que tiene todo hombre de bien, pero para esto es preciso conservar y cultivar un principio de rectitud. En las cosas y acciones neutras en sí, la intención es la que convierte nuestros actos en virtudes o en defectos. Esto no está solo al alcance de personas intelectuales, sino de cualquier persona con sentido común y buena fe.
Oí en cierta ocasión que las personas son como los melones o como los limones y aclaraba: los melones son poco exigentes y se pueden cultivar en tierras pobres agrícolamente pero saben aprovechar los escasos nutrientes del suelo para transformarlos en pulpa dulce, sabrosa, agradable; los limones, en cambio, son más exigentes en clima, tipo de suelo, nutrientes y su pulpa, aunque sea beneficiosa, no es en principio agradable: es ácida y fuerte, y por eso los pequeños rechazan.
Podemos elegir qué queremos ser.
Podemos elegir fastidiarnos un poco para hacer la vida agradable a los demás o llevar una vida con sabor ácido, malhumorado y destemplado que hace que rehúyan de nuestra compañía Si esto es posible, también lo es que con nuestro sentido positivo de la vida, nuestro optimismo, buen humor y el no pensar ni hablar mal de nadie nos convertimos en sembradores de paz, serenidad y alegría.
La belleza es atractiva en sí misma, en las personas y en las cosas. Por poseerla o ensalzarla miremos los sacrificios que hacen algunas personas por mantener la línea; incluidos nosotros los pensionistas que nos damos buenas caminatas porque el médico nos dice que ese colesterol o ese azúcar están al acecho. Si por esto tan pasajero somos capaces de hacer cosas que nos cuestan un poquito o renunciamos a algún gusto o capricho ¿Cómo puede extrañar que los creyentes hagamos algo que nos cuesta por agradar a Dios? ¿Qué procuremos vivir las virtudes humanas y sobrenaturales y además hagamos la vida más amable a nuestros hermanos? En el lenguaje cristiano a esto siempre se le ha llamado mortificación.
Como todo lo que hacemos los humanos son cosas pequeñas las mortificaciones también serán pequeñas, aunque sí deben ser constantes. ¿Les ponemos una condición? Vamos allá: que no mortifiquen a los demás. Por ejemplo: un padre de familia que por ofrecer algo especial durante el tiempo de Cuaresma dejó de fumar. Su mujer y sus hijos deseaban que llegara la Pascua y volviera a fumar porque no había quién le aguantara.
¿Son adecuadas el tipo de mortificación que también mortifica a los demás? Pues no. Al final el planteamiento es muy simple: ¿Cómo te gusta que te traten a ti? Pues trata de esa forma a los demás.
Juan Blasco
Luis Guillermo Solís
El pasado 8 de mayo asumió la presidencia de Costa Rica, Luis Guillermo Solís Rivera, el candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC), un partido que se define como progresista de centro izquierda según lo informa Wikipedia, la enciclopedia más famosa de internet.
Solís Rivera nació en San José, Costa Rica el 25 de abril de 1958, se graduó como historiador de la Universidad de Costa Rica y obtuvo una maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Tulane en Estados Unidos en 1981, es además politólogo y académico, su ascenso en la contienda electoral fue impresionante, inició con varias cuñas de televisión para que lo conocieran y ofreció durante toda su campaña al mejor equipo de gobierno que hasta hace unos días conocimos, inició con un 5 por ciento de aceptación popular y ganó el pasado 6 de abril en segunda ronda las elecciones con casi el 78 por ciento de los electores para un período de cuatro años.
Como muchos del partido por el cual fue escogido, su carrera política inició en el Partido Liberación Nacional (socialdemócrata) donde llegó a ser secretario de ese partido en el 2002-2003. Fue jefe de gabinete del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica en el período 1986-1990 y luego embajador para asuntos centroamericanos y posteriormente director general de política exterior, de 1994 a 1998. Gerente técnico del programa de cooperación transfronteriza, ambiente y seguridad en Centroamérica que ejecuta la Fundación para la Paz y la Democracia (Funpadem), bajo los auspicios de la fundaciones Ford y MacArthur, y director general de Política Exterior del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica de 1996 a 1998.
Solís llega a la Presidencia con minoría en la Asamblea Legislativa y con una situación económica complicada, un déficit fiscal muy difícil (6 % del PIB estimado para el 2014). En su campaña ofreció honestidad en la función pública, algo que todos esperamos de cualquier gobernante, conformó un gabinete donde se ven caras nuevas y muchos académicos, lo cual es bueno, pero debemos de reconocer que la mayoría tiene poco “colmillo político” si esto es un plus o no, por ahora no lo sabemos.
La ciudadanía tiene enormes expectativas con el nuevo gobierno, espera grandes cambios para solucionar los grandes problemas, sin embargo, pienso que para llevar a cabo estos cambios necesitamos hacer importantes transformaciones. Convertir a Costa Rica en un país tan productivo y competitivo como Nueva Zelanda o Singapur, difícilmente se logrará en un gobierno estatista de centro izquierda, recordemos lo que dijo don Luis Guillermo en campaña: “El Estado debe ser tan grande como sea necesario para ser eficaz en la economía”.
Sin embargo a todo gobierno que inicia debemos darle el beneficio de la duda, como se sabe, una cosa es estar en la oposición y otra gobernar, la escogencia que se hizo en particular para las carteras de los ministerios de Comercio Exterior y la Cancillería representan por ahora un buen indicio de que no habrán grandes cambios y que su política de atracción de inversionistas continuará como hasta ahora ha ocurrido.
Le deseo a don Luis Guillermo y todo su gabinete el mejor de los éxitos por el bien de Costa Rica, ojalá todo su equipo se tomara el tiempo para leer lo que sucedió en Nueva Zelanda hace ya casi treinta años.
Carlos Vílchez Navamuel
Parque Las Madres
Es increíble que mientras la Alcaldía de Managua esté realizando algunas mejoras en la capital, como la gran Avenida Bolívar, el embellecimiento del Parque Luis Alfonso Velázquez, se haya olvidado por completo de cuidar, embellecer y preservar un parque que es ícono y referencia de los managuas como es el Parque Las Madres, el cual encierra un cúmulo de historia de nuestra capital.
Los murales que realizó el muralista Camilo Minero, ya no existen, al monumento a La Madre debe de dársele mantenimiento, la imagen de la Purísima está totalmente destruida.
Debe ser preocupación no solo de la Alcaldía, sino de las personas que a su alrededor tienen comiderías, lo cual es totalmente antihigiénico para los comensales que llegan a sus negocios, ya que las heces fecales existen en dicho parque por doquier. ¿Por qué estos comerciantes no se preocupan por embellecer este lugar o por lo menos dirigirse a la Alcaldía para que brinden a este parque el cuido que necesita? Anden, que está contiguo al parque, debe también de preocuparse. ¿Qué ejemplo de civismo le pueden impartir los de Anden a sus alumnos si estando tan cerca de un parque abandonado no realizan campañas para vivir bonito, limpio y sano?
La alcaldesa de Managua, Daysi Torres, debe salir de su despacho y visitar este parque y constatar in situ el abandono en que se encuentra y darle mantenimiento con los impuestos de los contribuyentes que para eso son, no para utilizarlos en campañas políticas.
Julio León Báez
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