Violencia y abuso contra la mujer
La violencia contra la mujer es un fenómeno tan extendido y que puede llegar a considerarse “pandémico”, por ello es uno de los más grandes desafíos de nuestra época. Cada día y en todos los lugares del mundo las vidas y los derechos de millones de mujeres están en peligro debido a abusos relacionados con cuestiones de género.
Sin embargo, las medidas de prevención y recurso efectivo han tardado en llegar. El abuso que hoy en día se ve hacia la mujer, se da como primer lugar en el hogar; en nuestras familias y normalmente cuando se es madre, cabeza del hogar, o se tiene un hogar en desunión y desamor, normalmente esta es víctima de su propia pareja, por muchos motivos; ya sean de adulterio o infidelidad, que es lo que llamamos “celos enfermizos” o quizás por simples disputas en el hogar. Las mujeres, en sus vidas cotidianas, en el núcleo familiar, como ciudadanas, en su lugar de trabajo o en busca de mejores oportunidades, en la paz y en la guerra, en los campos de refugiados, se enfrentan a una variedad de abusos que se sobreponen quedando a menudo impunes. Es difícil la recopilación de información exhaustiva sobre la violencia y los abusos contra la mujer.
Bien por el estigma al que se asocia y el miedo a las represalias, bien porque este tipo de violencia es ampliamente aceptado como un hecho común y casi inevitable, y por ello no digno ni de consideración ni de solución. Aunque la violación, la mutilación genital, el abuso doméstico y conyugal, y ciertos castigos tradicionales como la lapidación y las quemaduras tienen más posibilidades de alcanzar o de llegar a los titulares del momento y provocar indignación, el infanticidio femenino, la selección prenatal del sexo y la desatención sistemática de las niñas quedan fuera del radar de las autoridades nacionales e internacionales, y alejados del punto de mira de los medios de comunicación y del público.
Robin José López Talavera
La casa de los abuelos
El siguiente hecho que narro con mucha tristeza a pesar de la fortaleza espiritual que me brinda Dios, sumado a mis dolencias físicas atendidas con el debido tratamiento médico, se dio cuando en la mañanita del lunes 28 de abril recién pasado llegó a mis oídos que un incendio voraz redujo a cenizas una casa que perteneció a mis abuelos, José y Fidelina del Carmen Guerrero Barboza, así como otras viviendas más, en las vecindades aledañas al barrio San Jerónimo. Esa casa registra datos, hechos y recordatorios floridos e inolvidables, pues cabe decir que mis abuelos fueron primero inquilinos y después la compraron con mucho esfuerzo, trabajo y dinero ahorrado.
Esto lo conozco muy bien por las frecuentes visitas a mis abuelos y por comprender, entrando ya a la adolescencia, la alegría de ellos al tener su casa propia. Lo confieso con amor y con vasto sentimiento que fui muy querido, estimado y cuidado de mis abuelos. Con el tiempo, y de acuerdo a su situación económica, mejoraron la construcción de tal casa que dejó como resultado una casa de viejo estilo solariego, con dos salas, un comedor, y dos cuartos anexos; en uno de ellos funcionaba una fábrica de puros de tabaco de primera clase, negocio que tenía mucha demanda y que pertenecía a mi abuela.
Viene a mi mente como uno de esos hermosos recuerdos de la casa de mis abuelos, que ellos con mis padres me obsequiaron una recepción muy festiva en ocasión de mi recibimiento de bachiller en Ciencias y Letras que obtuve el 27 de febrero de 1948 en el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena, y se registra y está escrito un diálogo político de altura entre dos invitados a dicha recepción, como lo fue entre el líder político liberal doctor Humberto Alvarado Vásquez, digno fundador del PLI y el Attaché Militar de la Embajada Americana, donde laboraba mi padre, quien conoció del militar americano, coronel Harry Towler, que había conversado con un traductor que le acompañaba diciendo que Alvarado era muy conocido de sus andanzas políticas por los encargados del control político de los adversarios del gobierno de Somoza García.
Lo confieso, sostengo y mantengo que el incendio que destruyó lo que fue el hogar de mis abuelos y que vendieron en la década de los sesenta, fue adquirida por una familia que la convirtió en una panadería muy competente.
Abuelos míos, estoy seguro que donde Dios los tenga ubicados comparten conmigo este triste final de la casa que conservaba en cada rincón mucha historia y amor familiar.
Alfonso Dávila Barboza
Sobre Fruto Chamorro
El pasado 30 de abril se publicó una carta del señor Milton Salazar con el título “Fruto Chamorro”, en la que con el pretexto de condenar la reelección por los males que trae al país, hace algunas afirmaciones supuestamente históricas, y omite importantes hechos que más bien servirían para confirmar su tesis de que la reelección perjudica a la democracia y casi infaliblemente termina en una guerra civil.
La primera afirmación no verdadera es que el fundador de la República y primer presidente de Nicaragua, general Fruto Chamorro, se reeligió a pesar de que la Constitución Política de 1854 se lo prohibía y que por esa reelección surgió la Guerra Civil del mismo año. Don Fruto Chamorro fue elegido presidente el 1 de abril de 1853 por un período de dos años como estaba establecido en la Constitución, pero él falleció el 12 de marzo de 1855, es decir 12 días antes que terminara su periodo, por lo tanto no pudo haberse reelegido.
Lo que ocurrió fue que don Fruto luego de ser elegido, en el mes de mayo de 1853 convocó a una constituyente para reformar la Constitución de 1838, cuerpo de leyes en la que todos los historiadores están de acuerdo, en que fue la causante de la época de anarquía y guerras civiles en las que vivimos a partir de 1821. En las elecciones participaron los liberales y resultaron elegidos “la flor y nata” del Partido Democrático, entre ellos el general y doctor Máximo Jerez, don Francisco Castellón, don Rosalío Cortés y otros, pero rehusaron el debate parlamentario y en su ausencia se promulgó la Constitución de 1848 y por ella fue don Fruto el primer presidente de la República de Nicaragua. No es verdad por lo tanto que la Guerra Civil surgió por la reelección de don Fruto.
Es falso también que el general Emiliano Chamorro se reeligió en el cargo de presidente de la República para el que fue electo el 1 de enero de 1917, por un periodo de cuatro años que vencería el último diciembre de 1921. Al general Emiliano Chamorro le sucedió en el poder don Diego Manuel Chamorro quien falleció en el ejercicio de su cargo, por tanto no es verdad que el general don Emiliano Chamorro se haya reelegido y que esa elección dio lugar a una guerra civil.
Sí, es verdad que se reeligieron don Tomás Martínez, don Roberto Sacasa y el general José Santos Zelaya, con la salvedad de que este último no llegó a la Presidencia por una elección, sino por un movimiento armado y se mantuvo en la Presidencia de la República de facto sin celebrar una sola elección durante 17 años.
No sé el motivo pero don Milton Salazar omite ya no la reelección, sino la dinastía de la familia Somoza que fue casi semicentenaria y sus miembros gobernaron como soberanos absolutos, siendo dueños de la vida y hacienda del pueblo nicaragüense.
Estoy de acuerdo con lo fatal que ha resultado la reelección para nuestra democracia y desde luego debemos impedirla, lo que implica partido políticos debidamente organizados y que practiquen ellos mismos la democracia interna.
Julio Ruiz Quezada
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