A principios de esta semana se informó que la calificadora internacional de riesgo, Moody’s Investors Service, ha alertado sobre las graves dificultades económicas que podrían sobrevenir en Nicaragua por la profunda y al parecer insalvable crisis global que sufre Venezuela, y en particular por los cambios en la política petrolera venezolana por medio de Petrocaribe.
Moody’s advierte que el principal impacto de esa crisis lo sentiría Nicaragua “en los programas sociales y la inversión productiva que son financiados con los petrodólares”. Al brindar esa importante información, LA PRENSA recordó que ya “el año pasado Nicaragua recibió menos cooperación petrolera de parte de Venezuela, según cifras del Banco Central de Nicaragua (BCN). En total el país captó 654.2 millones de dólares versus los 728.7 millones del año anterior. Eso significó para el país 74.5 millones de dólares menos, principalmente en concepto de Inversión Extranjera Directa”.
Debido a la profunda crisis económica venezolana que el Gobierno de Maduro es incapaz de resolver, porque sus políticas socialistas autoritarias más bien la agravan en vez de aliviarla, de hecho Venezuela no ha donado un solo dólar a Nicaragua desde hace cuatro años. “La refinería que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez (q.e.p.d.), había prometido al país se encuentra paralizada el sector exportador nicaragüense también está sufriendo restricciones drásticas en el envío de productos hacia ese mercado suramericano”, se acotó en la información de LA PRENSA publicada el lunes 28 de abril recién pasado.
Ese mismo día se publicó también la información de que el Consejo Agropecuario Centroamericano ha advertido sobre la inminente sequía que habrá este año por el fenómeno meteorológico llamado El Niño, que podría causar daños devastadores a la agricultura y la ganadería de Nicaragua y, por ende, a toda la economía nacional.
Desde hace algunos años, prácticamente desde que Daniel Ortega recuperó el poder presidencial y comenzó a implantar su actual dictadura de nuevo tipo, Nicaragua ha estado viviendo como en una especie de burbuja de auto satisfacción económica. Esta sensación se ha derivado de un crecimiento económico de más o menos cuatro y medio por ciento anual, que es mediocre en realidad considerando que para comenzar a salir de la pobreza se requiere crecer de manera consistente al menos al siete por ciento anual. Es resultado también del reflejo mediático de una hábil política de alianza de Ortega con la cúpula empresarial privada, y sobre todo por los petrodólares venezolanos, que han enriquecido a la familia presidencial pero también han servido para financiar programas sociales de tipo populista.
Sin embargo, la temporada de las vacas gordas puede terminar, y al parecer muy pronto, para dar paso al período de las vacas flacas. Lo cual, dicho sea de paso, fue advertido desde el comienzo por políticos democráticos y economistas independientes, pues la bonanza orteguista no es sostenible porque no se ha sustentado en bases sólidas y propias. De manera que una nueva realidad económica, social y política, se podría crear pronto en esta Nicaragua que no termina de aprender de sus propias experiencias para alcanzar una estabilidad duradera.
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